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Ahimsa es vida
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miércoles, 26 de agosto de 2026

Cuando la campana repique

Hace tiempo que debía ir de visita a casa de una amiga, pero las circunstancias de la vida la fueron posponiendo. Me hacía mucha ilusión poder verla y charlar, como solo se habla con las amigas: confidencias, sentimientos, problemas y alegrías. Al final pudimos cuadrar nuestras agendas y fui a pasar unos días a su casa.

Tenemos por costumbre tomar un aperitivo al atardecer en su terraza con vistas al jardín de múltiples flores de colores —rosas, margaritas, lirios— junto a bellos árboles donde anidan pájaros que con su canto alegran a todos. Estaba tan absorta en este decorado que un ligero ruido me sobresaltó. Me volví y vi a una señora sonriente, de pelo blanco, cuya cara es la prueba del reflejo de todas sus vivencias. Ayudada de su bastón, poco a poco llegó a su lugar favorito, un sofá rojo, que se encuentra frente a mí. Era la madre de mi amiga. Nos miramos, sonreímos, pues hacía mucho tiempo que no nos veíamos; comenzamos a charlar sobre la belleza del jardín y, poco a poco, empezó un viaje hacia sus recuerdos; viaje donde el tiempo saltaba, donde los recuerdos trotaban y las palabras dibujaban.

Yo escuchaba atentamente y revivía con ella sus propias vivencias; sus ojos claros se llenaban de melancolía, de alegría, de tristeza, de generosidad por esas vivencias que tallaron su vida.

Sus ojos claros sonreían porque la fuerza de su alma seguía intacta; el tiempo lineal cansa y debilita el cuerpo biológico, mientras que el alma aprende de cada experiencia. Su cara se iluminaba al sentirse viva. “Le encantaría volver a tener amigos porque prácticamente todos se han ido, para conversar y aprender cosas de la vida”, decía. Esto me hizo sentir una alegría serena. Observé que la fragilidad del cuerpo es ajena a la fuerza del alma.

Poco a poco, su relato se hizo más intenso. Historia real contada por alguien que vivió duras y amargas experiencias cuando vivía en el norte de Francia y los alemanes llegaron. Siendo muy niña, su padre las envió a otra región; dejando absolutamente todo atrás, era cuestión de horas, no hubo tiempo de coger ni un muñeco, solo quedaron los recuerdos del corazón y las huellas sangrantes de la huida.

Familia de refugiados, sin documentos, que conocieron las ausencias, las carencias, la soledad y los desplazamientos.  Recordaba que cuando tenía que hacer un viaje largo por su seguridad, era una prueba tremenda a su temprana edad, pues todo el viaje era un continuo sufrimiento aumentado por la separación de sus padres; sin embargo, también era un bálsamo al estar con sus tíos porque hacían que la ausencia fuera menos intensa, así como las carencias.

Estas experiencias, a una edad tan temprana, fueron importantes y se quedaron impresas en su corazón; creció con un sentido del deber profundo que aún hoy en día sigue latiendo en su corazón.  Ayudar a su familia era primordial, ya que las penurias y la hambruna cobraron un alto precio a su alrededor. Trabajó muy duro, y muchos de sus sueños se fueron en bicicleta. Unas lágrimas agridulces llenaron sus ojos azules, y su fragilidad se hizo más patente, si puede decirse. Recuerdos que tocaron su alma. Dejé que ese momento íntimo la llenara de serenidad.

Después de unos minutos, observé que su mirada era profunda, una sonrisa amable de confidencia y gratitud. Supe al instante que nuestra conversación era muy importante para ella, pues era revivir su vida desde otra perspectiva, desde la añoranza de cosas que pudieron ser diferentes; sin embargo, hoy en día se siente orgullosa de su vida, de sus logros, de su familia. 

Le pregunté qué vivencias fueron las más bonitas en su larga vida y sin dudarlo, respondió: el nacimiento de su hija y el encuentro con su marido. Cada noche, sin excepción, antes de dormir, dedica un tiempo para dialogar con él y termina con una plegaria para que vuelvan a estar juntos en el otro mundo. Una sonrisa y unas lágrimas dulces resbalaron por esos surcos del río de la vida.

El silencio se instauró y de pronto dijo: “Cuando repica la campana, la vida cambia, cambia de horario, cambia la vida, y también anuncia el descanso”. Me quedé en silencio y la miré para que siguiera ese hilo de recuerdos. Domingos en la iglesia, descanso después de un duro trabajo, ropa hilvanada por ella para pasear del brazo de su marido, orgullosa y bella.

Tiempos de escasez, tiempos de añoranzas, tiempos de migraciones, tiempos de reencuentro, tiempos de trabajo duro para poder comer algo, ya que la guerra siempre es injusta, mata y destruye hasta los campos.

Estas palabras están dedicadas a esa persona especial, cariñosa y alegre que la vida me ha presentado para aprender de esa mirada serena y alegre, y me repite una y otra vez que la vida es lo más hermoso que tenemos, que ella desea vivir unos años más para poder conversar, aprender y confiarse a ese amigo que desea encontrar.

Siempre me ha gustado conocer personas y sentarme a charlar para compartir vivencias, alegrías y penas que son el fruto de una vida vivida durante nuestra efímera existencia. 

Algunas vidas nacen cuando las campanas repican y otras vidas dejan ausencias cuando doblan las campanas.

*****

Estas palabras son un reconocimiento afectivo hacia esta persona tan amable, cuyos ojos sonríen porque siguen sintiendo esa fuerza de Vida a pesar de sus luces y sombras.

También es un homenaje a todas las personas mayores cuyas voces se apagan porque no las escuchamos y olvidamos que gracias a sus esfuerzos construyeron la vida que hoy tenemos.  Pienso en mi madre, que nos ha educado con principios, valores y mucho esfuerzo; que nos ha querido con su corazón tierno, aunque a veces en silencio, y nos ha ayudado con todo lo que ha podido.

Gracias de corazón a todas ellas por los surcos que la experiencia de la vida les ha dejado en la fortaleza de sus almas.

 

Manos llenas de vida

domingo, 26 de julio de 2026

La soberanía del ser

La memoria arcaica está presente en todo y todos y es necesario rememorarla para comprender nuestra modernidad individual y social. El presente está inscrito en el pasado.

La soberanía es propia del ser humano, al igual que es propia a todos los pueblos de la tierra y abarca territorio, cultura, tradición, idiosincrasia, gobierno, es decir, lo que llamamos patria —grande o pequeña—. La soberanía es la unidad de la pluralidad del individuo y del pueblo.

La soberanía implica dejar a cada pueblo ser quien es y a través de su cultura, buscar la mejor forma de vida para todos; una vida que no destruya moralmente al otro por la codicia de algunos.

Cada país, sea de la talla que sea, tiene derecho a su existencia, a su riqueza, a su libertad, a su gobierno. Cada país debe guardar como un tesoro único su cultura, sus tradiciones, sus creencias, creando un tejido social donde todos quepan y al mismo tiempo, compartirlos con otros seres humanos en el respeto. La visión de cada persona sobre su vida depende de sus propias experiencias, ya que son nuestros recuerdos, emociones, pensamientos, decisiones los que dictan las normas de nuestra conducta. Si somos coherentes con nuestra forma de pensar y actuar, observaremos como el presente está enraizado con nuestro pasado. Así podemos transformar nuestro presente futuro en un movimiento ascendente.

Es importante que seamos conscientes de la soberanía individual y colectiva para crear lazos de solidaridad, fuente que nutre el bienestar entre todos los pueblos de la tierra, sin importar su talla. No podemos vivir en un desierto afectivo donde no existan ojos que brillen, caras que sonrían, manos que escriban poesía para que las voces canten a la vida. Todos somos seres humanos y formamos parte de la única familia humana que existe en el planeta.

La soberanía, al ser un derecho innato, es dignidad, honor, belleza, y que mejor que la poesía de la vida para expresar su existencia. A la poesía le gusta cantar a la belleza de la verdad, al bien, a las alegrías y a las penas, porque todo es vida, pero jamás cantará para disminuir a otro ser humano.

Las palabras que componen el canto a la soberanía del ser son palabras de resistencia al descontrol, a la manipulación, a la violencia. En estos momentos actuales, el tiempo se acelera porque vivimos en una espiral de movimiento acelerado dirigido hacia una sima donde la soberanía no es un derecho, sino un eslabón de una cadena invisible.

El autorrespeto y el autoconocimiento son necesarios para que nuestra soberanía del ser sea respetada y que los pueblos avancen entrelazados en su diversidad —cultura, saber, idiosincrasia— y en su individualidad, en su soberanía. 

La soberanía es un derecho inherente a todas las tribus que pueblan el mundo, llámense pueblos, estados, naciones…  Todos somos soberanos y nos debemos respeto, creando leyes con justicia para todos, que se cumplan y que todos podamos vivir mejor.

Miles de personas anónimas son gigantes humanos que dejan huella en nuestros caminos para recordarnos que cada nuevo día es una nueva oportunidad para que no abandonemos nuestros sueños de libertad propios a nuestra soberanía.



sábado, 12 de julio de 2025

Fuerza de libertad frente a la arrogancia cobarde en este terrible escenario

La arrogancia es peligrosa y somete con amenazas a la gente a través del miedo; nos postramos ante ella porque nos sentimos débiles, frágiles, indefensos ante las consecuencias. Sin embargo, los países amenazados deben unirse para hacer un frente común de fuerza a esas amenazas.

Echando una mirada al pasado y al presente, observamos que la puerta de la libertad sigue en pie. La puerta de la libertad —vida, paz, compasión, amabilidad, dignidad y respeto— está construida por los deseos más profundos de los seres humanos que buscan el bienestar general. Esta puerta es indestructible pese a los ataques de los nuevos gobiernos totalitarios, donde el diálogo político no existe y se aterroriza a la sociedad. La soberbia y la crueldad ganan batallas inmediatas, pero la libertad siempre saldrá victoriosa al final, porque la fuerza del espíritu que cada ser humano posee es más poderosa, pues es fuente de vida. 

En este mundo globalizado, los gobiernos arrogantes tienen por objetivo unificar en una sola regencia el poder del planeta y esto se consigue anulando la libertad y la dignidad de los seres humanos.

Ante las atrocidades a las que asistimos, no podemos ser indiferentes; debemos alzar la voz por aquellas personas que no pueden y por nosotros mismos; es intolerable estas matanzas que hay en todos los continentes del mundo. Nos dirigimos hacia el abismo, hacia un mundo de estatuas de barro.

Los gobernantes poderosos creen que tienen el derecho de arrebatar vidas y de anexionar territorios porque su política expansionista y absolutista lo dice; no olvidemos cuál es su objetivo. Un ejemplo lo tenemos con la IA, recordemos que detrás de ella hay humanos que todo desean controlar. Nuestra identidad profunda, nuestra libertad y libre pensamiento se están enterrando en subsuelos de rejas para que nuestra conciencia permanezca dominada. Estos tiranos ignorantes no saben que la libertad y la conciencia vuelan, porque son la fuerza de vida en el universo y en la tierra, y jamás serán dominadas.

En estos momentos, el poder del materialismo ha desbancado al poder humanitario, a los derechos civiles, a los derechos internacionales, a los compromisos de paz. Estos autócratas se creen intocables; sin embargo, la puerta de la libertad cada día se hace más grande porque los partidarios de la NO VIOLENCIA tocan los corazones sensibles de los humanos que luchan por la paz y cuyo eco hace vibrar a otros corazones.

El grito de sí a la vida, sí a la paz, sí a la convivencia, sí a las culturas, sí a la humanidad, es el grito de la humanidad unida, contra el terrible sinsentido de nuestro actual escenario.  Si perdemos nuestra humanidad y valores, perderemos el sentido y el control de nuestra vida, para entregarlo a los devoradores de libertad, que violentan las leyes según les plazca, aniquilando culturas, tradiciones, conocimiento y saber para someternos bajo la bandera unicolor, el poder planetario.

Vivimos en un planeta precioso donde todos cabemos, cada uno con su cultura, su tradición, su forma de pensar. Somos una humanidad múltiple, diversa y esa es nuestra riqueza.  Tenemos que alzar la voz de la NO VIOLENCIA para recuperar el orden, la vida, la dignidad, la libertad.

La voz de los silenciados vuelve a oírse con más fuerza; no se permitirá aniquilar a más pueblos, culturas, tradiciones para obtener más poder y control. Los que esculpen al monstruo de mil cabezas para destruir el planeta y a la humanidad deben saber que al final serán ellos los devorados.

El planeta no puede poseerse, forma parte del universo y seguirá así eternamente; en cambio, el ser humano pertenece a la tierra, es efímero, frágil y con una corta vida, y a la hora de partir no se llevará ni su nombre. 

Pacifiquemos las relaciones entre los humanos para entrar por la puerta de la libertad junto a los partidarios de la NO VIOLENCIA y mejorar nuestra vida, creando nuevos escenarios de paz. 



martes, 10 de junio de 2025

Se fueron los dioses y llegaron los conflictos

 La serenidad es un sentimiento que se adquiere cuando nos esforzamos por hacer el Bien —vivir con dignidad frente a nosotros y a los demás, vivir con generosidad, con orden y con justicia—, así, todo a nuestro alrededor florecerá. En cambio, cuando nos alejamos de la serenidad, entramos en el campo de batalla de la confusión, la violencia y el conflicto.

Hay que recordar en dos líneas de dónde proviene la causa del alejamiento del Bien. La razón y la ciencia hicieron huir a los dioses en el siglo XVII y se culminó con la revolución francesa en el siglo XVIII, al colocar en el pedestal a la diosa razón —momentos de terror, barbarie e irracionalidad—. Momentos oscuros que, como paradoja, se denominan “iluminación”. Como contrapartida a esas situaciones terroríficas que tocaron a toda Europa, surgió, entre otros, el movimiento Romántico del siglo XVIII/XIX, cuya mirada se volvió hacia la antigüedad, a los dioses, a los héroes, a las tradiciones para salir de esa oscuridad que había elevado a la razón como ser supremo.

Estos románticos nacieron como reacción al racionalismo y se volvieron hacia Grecia, Roma, Edad Media, se hicieron las grandes peguntas de antaño sobre el ser humano, buscaron la estética, la belleza, afloraron los sentimientos, las emociones —al ser partes esenciales del ser humano—, cuya expresión se plasmó en el arte, la literatura, la música. Estos románticos sentían melancolía del pasado, donde los “dioses” se codeaban con los hombres.  Lo invisible volvía a formar parte de lo visible.

En la actualidad, creemos que lo antiguo es obsoleto, y que ahora somos los más inteligentes con tanto progreso y globalización, pero en mi opinión no lo somos y estamos muy lejos de acercarnos a esa Belleza del Bien; en cambio, somos marionetas guiadas por personajes que no desean que reflexionemos por nosotros mismos, nos hacen creer que somos libres, pero no lo somos, aunque vivamos en nuestro confort, estamos controlados por todos los artilugios tecnológicos. Sin embargo, hay millones de personas que sobreviven bajo la crueldad de unos cuantos que airean sus atrocidades en banderas. Los conflictos armados actuales son hordas de criminales que destruyen a seres humanos para conseguir un trozo de tierra, o por alcanzar más control social. Vivimos en el inframundo de los seres oscuros, un lugar frío y feo, alejado de los dioses y de la Belleza.

Otro punto importante es la homogeneidad como denominador común, y cuanto más iguales somos, más nos adormecemos y nos robotizamos. Sabemos que el precio a pagar por la diferencia es el aislamiento. La historia de la humanidad está para conocerla y tratar de no cometer los mismos errores una y otra vez: miles de años de guerras, millones de personas muertas y millones de víctimas. Vivimos en una época de “progreso tecnológico y científico”, pero seguimos actuando como chusmas terroríficas.

Cambiar este panorama es labor de todos, alzando nuestra voz junto con la de los dioses que, a través de las palabras del alma, nos dicen que el Bien es el mayor valor de la Vida que tenemos para que todos podamos vivir en paz. La Humanidad es un ente vivo cuya diversidad y mestizaje nos maravillan si somos capaces de abrir los ojos a la Belleza; no podemos privar a nadie de sus creencias y culturas.

Tal vez deberíamos hacer como los Románticos, romper con esa “manipulación” y volver la mirada hacia el Bien y la Belleza que nos traen serenidad.

La NO VIOLENCIA es la herramienta que vence a la violencia. Hagamos el silencio para escuchar la voz de nuestra alma que nos permite sentir seguridad que es la base de vuestro bienestar, la serenidad.

La esperanza nos dice que la luz siempre penetra la oscuridad.

 


       (Foto privada. “La Punta del Hidalgo”, Tenerife)

sábado, 30 de noviembre de 2024

El arte de la alquimia mística

 Somos hijos de la tierra y del cielo estrellado; por lo tanto, somos artesanos alfareros de nuestra obra. 

 La desventura, la humillación, la manipulación producen un dolor profundo que deja una huella para siempre si no sabemos sanarla desde su esencia. Para ello es necesario atravesar el abismo entre la discordia y la armonía.

 La vida comienza con caminos de esperanzas que van cambiando o no, de acuerdo a nuestros pasos; llegado el momento, los recuerdos de esa vida, que son un baremo de nuestras vivencias, nos harán tomar conciencia de nuestras decisiones, porque somos capaces de elegir entre el bien y mal en nuestro corazón.

 La alquimia trabaja en profunda correspondencia con la mística para ennoblecer a la humanidad, uniendo el alma humana con el alma suprema del universo. El profundo deseo de saber nos lleva a realizar el máximo esfuerzo, antes de juzgar lo que desconocemos, debemos estudiar e investigar para comprender que la Sabiduría nos enseña que el corazón es libre y debemos encontrar el coraje para seguirlo, solo bebiendo de ella seremos conscientes de que la naturaleza en toda su gran dimensión es un ser vivo, que todo está en correspondencia (emociones con colores, planetas con metales —el sol con el oro, la luna con la plata…–); comprendiendo la interdependencia universal asumiremos nuestro rol en la tierra con tolerancia, respeto y compasión.

 La mística es el camino espiritual que conduce al ser humano a la unión íntima con lo sagrado, a través de nuestro interior —somos maestros y discípulos, a la vez—, lo que nos permite trascender lo irracional; comprender que somos espíritu y materia. El espíritu se encuentra en cada lugar, cosa y en cada gesto, pues es la fuerza esencia que ES, materializándose en nuestro cuerpo para que podamos vivir, existir y ser; llegado el momento, la materia, también, se espiritualiza para comenzar conscientemente el camino vertical hacia los recuerdos primigenios. Esta energía, si no la sentimos y experimentamos, está fuera del razonamiento humano.

 La alquimia es universal, ha estado presente en todas las civilizaciones antiguas —India, Egipto, Persia, China, Grecia antigua…—, es decir, es tan antigua como el ser humano.  Los antiguos alquimistas dejaron símbolos, imágenes para que otras personas pudieran comprender y descodificar esos “códigos”, ya que esos símbolos tocaban algo universal en su interior y abrían puertas en su mente, por ejemplo, la unión del sol y la luna como ejes de la vida. También esos alquimistas comprendieron que la naturaleza es una fuerza viva que contiene todo el conocimiento terrestre, pues sin ella nada existiría, ni siquiera nosotros, sin embargo, para adentrarnos en esa sabiduría hay que respetar sus leyes naturales (observarlas, conocerlas, comprenderlas) para que sus misterios nos sean revelados.

 La mística y la alquimia se unen para realizar la transmutación (cambio de conciencia) en el corazón/atanor, donde los contrarios se disuelven y se crea el nuevo embrión de nuestro ser. De ahí la importancia de la alquimia en nuestra vida.  Lo sagrado no puede disociarse de la conciencia humana porque forma parte de su constitución, es un elemento de su estructura. Lo sagrado nos lleva a desvelar el misterio del hombre universal. Lo sagrado es lo que da sentido a nuestra vida; somos conscientes de por qué hacemos las cosas.

 Cuando Carl Jung descubrió la alquimia, la consideró vital para conocer y transmutar la psicología de las profundidades.

 “El yo es el centro de la conciencia, isla, (mundo conocido) que existe en el océano inconsciente (mundo desconocido), sede del Ser. El objetivo de cada ser humano es llegar a la individuación, ser indivisible, unidad.

Jung marcó cuatro etapas que debemos recorrer para llegar al Ser: 

Primera. Es la etapa de la confusión, de lo que no aceptamos, de lo que negamos. Nuestro yo se enfrenta a sus sombras.

Segunda. Es la fase de la correspondencia, todo está entrelazado. Asumimos, aceptamos, observamos sin juicios nuestras sombras. Es la etapa de la purificación. Es aquí cuando nos volvemos más seguros de nosotros mismos, empezamos a tener consciencia de nuestra isla y de nuestro océano. Empezamos a cambiar nuestra actitud.

Tercera. Encuentro con los arquetipos del subconsciente. El hombre posee parte femenina (Anima) y la mujer parte masculina (Animus). Uniendo a los contrarios nos elevamos como seres completos, sin discriminación. Aceptando que somos un todo, nos abrimos a una energía más sutil.

Cuarta. Es la unión del Ser con la Luz. Ser un humano universal que trasciende culturas, civilizaciones, tiempo/espacio”.

 La mística y la alquimia nos llevan a la búsqueda de lo Absoluto. La bondad en el corazón es necesaria para iniciar el proceso en el atanor, horno alquímico. Estas pinceladas que he expuesto, son para que podamos comprender el proceso que se repetirá a lo largo de nuestra vida, una y otra vez, a medida que vayamos avanzando y evolucionando en nuestra conciencia.

 El ser humano que busca conocerse es porque siente nostalgia de su Ser (aunque sea inconscientemente), se esfuerza por encontrar el sentido de su vida, y aunque su confusión y dolor lo hagan caer cientos de veces, su deseo de saber se fortifica para seguir su búsqueda; es vital conocer la intención de nuestros actos. 

 En nuestros días hemos dado la espalda a nuestra isla y océano, conciencia e inconsciencia, lo que nos genera confusión, malestar, violencia, ira al alejarnos de la unidad porque nos identificamos a las máscaras de las apariencias, estamos tan absortos en nuestro pequeño ego que creemos que somos más inteligentes e importantes que la naturaleza, cuando en realidad debemos ser humildes ante ella.  

 La mística y la alquimia espiritual se revelan a través de imágenes, símbolos para que podamos entender como humanos su significado, que no son fantasías imaginativas. Ambas ciencias se experimentan en nuestro interior y están envueltas en secretos, misterios que hay que investigar y descubrir para comprender que es en la unión de los contrarios cuando se engendra el embrión de la Unidad.

 Realizar el arte de la alquimia mística como símbolo y conexión entre lo terrestre y celeste y viceversa, nos lleva a construir el puente que une el alma humana al alma suprema del universo, pues, somos hijos de la tierra y del cielo estrellado.




sábado, 9 de noviembre de 2024

La Ley no es Justicia

La ley creada por los seres humanos debe estar sujeta a la Ley Universal del Orden, donde se unen los opuestos, vulgar y superior, solo así la Justicia podrá ser impartida por nobles personas cuyo discernimiento trascienda su mente y sus emociones humanas, así la Justicia abrazará esa Luz universal que todo impregna en su omnipresencia. En caso contrario, la ley creada por humanos sin escrúpulos ahogará a la justicia en el lodo de la corrupción, de la codicia y de la miseria humana. 

Cicerón, decía: “La Ley no ha sido establecida por el ingenio de los hombres, ni por el mandato de los pueblos, sino que es algo eterno que rige el universo con sabiduría del imperar y del prohibir”.

La Justicia indica cómo debemos comportarnos con los demás, siguiendo una Ley universal que es “no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan” y esto es cumplir con nuestro deber y responsabilidad; la justicia es dar a cada uno lo que le corresponda, que todo esté en su lugar. Como decía Marco Aurelio: “la recompensa de una buena acción es haberla hecho”.

El ser humano cuando ama, respeta y vive de acuerdo con las leyes de la Naturaleza es un sol que irradia luz; el ser humano que no ama ni respeta vive en la ignorancia de los caprichos, sin puntos de referencia para evitar la violencia. 

El ser humano se caracteriza por el entendimiento del Orden Superior porque somos seres inteligentes, aunque hay humanos que no saben que poseen ese entendimiento o lo ignoran. Cuando sometemos nuestra mente a la ignorancia, al caos, al desorden, estos emergen de forma violenta y nuestra razón se hace incompetente para tomar correctas decisiones al alejarse del orden y caer en el desorden. Cicerón decía: “La fuerza es el derecho de las bestias”. Los que no controlan sus palabras ni actos, no controlan su mente.   “Es igual de peligroso dar una espada a un loco que el poder a un depravado”. Pitágoras

Como decían los presocráticos, “la polis” es el mesocosmos, mundo intermediario entre el macrocosmos (universo) y el microcosmos (humano). De esta forma, “la polis” recibe a ambas fuerzas —-Orden superior y orden humano-—. Por eso, los antiguos sabios lucharon por instaurar la Justicia, como virtud, enseñando a los ciudadanos a pensar por sí mismos, elevando sus pensamientos para vencer la ignorancia que provoca la injusticia; los educaban en el Bien, como esencia superior. El orden en “la polis” necesita sabiduría, coraje, templanza, justicia y estas virtudes se desarrollan con equilibrio, discernimiento, responsabilidad y conocimiento.

Marco Aurelio nos dejó otro pensamiento: “Si el mundo apareciera ante nuestra mirada opaca y sin alegría, es nuestro deber iluminarlo y darle vida… La Luz siempre proviene del alma”.

Hay que temer a la injusticia, da igual la máscara o la etiqueta que lleve, porque solo produce dolor, miseria y caos y conduce a los seres humanos por senderos áridos; la injusticia les ha robado su fuerza vital, la libertad, al haberles arrancado sus derechos humanos.

Para que la Justicia triunfe hay que aprender a leer en el libro de la vida con sabiduría, lucidez, humildad y respeto, sin fantasías ni espejismos. La Justicia es el alma invicta donde yace el honor, la lealtad y los valores humanos que nos permiten ser dueños de nuestras vidas. La Justicia trae paz y es la llama risueña de una lámpara que desafía con su luz a las tinieblas, mejorando la vida de la Humanidad, dejando a un lado las impertinencias y opiniones sin sentido, la codicia y las ambiciones que traen consigo el poder sin sabiduría.

Leyendo el libro de la vida, aprendemos los valores morales y espirituales. Aceptando la pluralidad y las diferencias, aprendemos a ser los artesanos de nuestra vida, a tener el sentido honesto del deber y a armonizar los opuestos.

La Ley no es Justicia. Ambas pertenecen a las Leyes Universales y están entrelazadas. Los humanos las hemos separado y convertido en herramientas de control y miseria.

Para que la Ley y la Justicia vuelvan a brillar, debemos unirlas en su Esencia y devolverles todo su esplendor a través del Logos que todos poseemos.





domingo, 4 de agosto de 2024

La "Verdad" se encuentra en el deseo de saber quién soy

 Buscar la “Verdad” implica iniciar el viaje hacia algo superior, sublime, el AMOR. El AMOR es la esencia de quienes somos, por eso es importante trascender la manifestación de nuestra existencia para observar la otra realidad, el Ser. El Ser forma parte de la energía primigenia que siempre ES, el presente.

Comenzar este viaje de autoconocimiento es empezar a caminar por un sendero de álamos dorados y flores abiertas para que su perfume invada el aire y el canto de los pájaros cambien nuestro rostro sombrío por alegría. Este viaje necesita que llevemos dentro de nosotros el coraje, la fuerza, el entusiasmo, la prudencia y la voluntad para ir sorteando los diferentes obstáculos necesarios para fortalecernos e ir comprendiendo nuestra vida y el mundo, todo está entrelazado.

Vivimos en un mundo de vertiginosa rapidez, todo debe ser inmediato. Ya no existe el reflexionar pausado para observar las cosas, escuchar al otro e intentar comprender su sentir y el nuestro; cada persona lleva dentro de sí un combate que nadie conoce, por este motivo, la amabilidad y el respeto son fundamentales para el diálogo y su comprensión.

Es abrumador comprobar (si nos paramos un segundo a reflexionar) que cada ser humano es diferente, complejo y reacciona de mil maneras ante las diferentes situaciones de la vida, siempre lo hará conforme a sus propias vivencias —positivas y negativas—, y esto lo comprobamos continuamente a nuestro alrededor. Tenemos millones de ejemplos a través del planeta en los diferentes planos —político, financiero, judicial, social e individual—, por ello es vital antes de tomar una decisión conocer y tener un alto grado de responsabilidad sobre uno mismo, porque nuestras decisiones, si no son equilibradas, pueden dañar a una o a miles de personas y sus consecuencias tanto a nivel individual como global pueden ser desastrosas.

Todos somos diferentes y cada uno tiene su propia singularidad, sin embargo, queremos ser iguales, nos enfada la diferencia y es la diferencia, la nos hace ser únicos e irrepetibles y es, además, el motor de la evolución —la diferencia marca el compás de la Vida. Es la diferencia la que compone sinfonías. Es la diferencia la que hace bella la Naturaleza. Es la diferencia, el sello de la Humanidad—.

Aceptar y ser esa “diferencia” es ir al encuentro de la “Verdad”. En nuestro mundo manifestado la verdad absoluta no existe porque todo es diferente. Los antiguos filósofos (amantes de la verdad) —egipcios, chinos, japoneses, babilonios, siberianos, hindúes, griegos—, denominaban “Verdad” a la fuerza primigenia que ES (que siempre ha sido y será) y, por lo tanto, no es un concepto que podamos comprender con nuestra mente racional, debemos trascender para experimentar ese Principio Universal.

Ese anhelo de experimentar otra realidad nos pone en contacto con un ideal elevado que es imprescindible para trascender y conocer el sendero del Saber, si nos quedamos con la experiencia racional nuestros ideales estarán sujetos a apariencias, a los vaivenes de las circunstancias y son estas las que nos empujan al cruce de caminos donde tenemos que tomar una dirección si queremos avanzar o bien quedarnos donde estamos.

Cada individuo elige los materiales para esculpir su Vida.  Los que deciden ir al encuentro de la “Verdad” saben que deben aceptar la diferencia. La “Verdad” exige compromiso, autoconocimiento y esfuerzo porque es un trabajo personal e intransferible, tocamos lo más íntimo de nosotros —transformamos la desesperación en motivación, la angustia en serenidad, la ofuscación en fluidez…—, y esto se consigue cuando nos equilibramos, proceso reflexivo, pausado y tranquilo; Buda siempre hablaba del justo medio que proporciona el ánimo estable, la moderación y la prudencia.

La fuerza de la “Verdad” nos ayuda a comprender los contrarios, a observarlos y a aceptarlos porque sabemos quiénes somos, somos el Ser que siempre ES, presente. Todo forma parte de la Ley cósmica de la evolución. Buscar la “Verdad” es buscar nuestra singularidad, es vivir bajo el Principio Universal de la Armonía que todo engloba, es el camino que nos lleva a la energía de la Paz y de la Justicia. No podemos salvar a nadie y menos al mundo, pero sí podemos cambiar nuestra actitud pasiva en una actitud activa del “Bien”, así todos viviremos mejor individual y socialmente.

Si deseamos cambiar de vida es que empezamos a comprender que necesitamos algo más, sabemos que no podemos cambiar y seguir siendo los mismos, por lo tanto, tenemos que cambiar nuestra actitud para trascender nuestra vida cotidiana e ir al encuentro de la “Verdad”, y es ese deseo el que nos guiará y su impulso nos elevará hacia otra realidad.

 



domingo, 14 de abril de 2024

HEKA, la magia de los dioses

 

Los seres que aceptan las enseñanzas que provienen de tiempos inmemoriales es porque su espíritu, así se lo sugiere, sienten ansia de buscar la Verdad, el Amor, la Belleza, esencias que le llevan a la armonía del Ser.

Esos seres se maravillan de los misterios de la Naturaleza y del Universo, así como de la naturaleza intrínseca y profunda del ser humano. Sienten el espíritu natural del alma del mundo y del alma humana, por eso sienten sosiego y equilibrio, energía que produce bienestar y coraje para explorar la vida; en tiempos pretéritos ese conocimiento y esa fuerza primigenia se denominaba magia, y el aprendiz a esa sabiduría tenía que pasar unos años de estudio y pruebas antes de las diversas iniciaciones, sabiendo que podía pagar un alto precio; el objetivo principal era recuperar la memoria primigenia, es decir saber quiénes eran y así saber de dónde provenían. Sabían que si eran capaces de recordar podían conectar con esa energía mágica que es el alma universal.

En el antiguo Egipto, a esa potencia creadora de unión, de relación, de transformación, de magia se la llamaba HEKA. Sabían que existía el macrocosmos —universo—, el microcosmos —ser humano— y la parte intermediaria que une a ambos universos, el mesocosmos que contiene parte del alma universal y parte del alma humana. Si logramos ser conscientes de estas tres partes, entramos en el mundo de la magia, de la unión, del universo de Maat, armonía donde la magia del Ser se hace realidad.

Los pájaros cuando vuelan en grupo dejan una estela para que los que vengan detrás puedan seguirla. Así, también nosotros seguimos las huellas de nuestros ancestros cuya trayectoria nos ha llevado al presente. Todo en la Vida está relacionado con nosotros mismos, con los demás, con la naturaleza y con el universo, y cuando rechazamos una parte, consciente o inconscientemente, nos sentimos mal, angustiados, cansados, tristes porque estamos en desequilibrio.

Cada civilización, cada sociedad ha tenido y tiene una visión diferente del mundo. Cada sociedad crea leyes para mantener un orden dentro de sus fronteras, aunque esas leyes no sean iguales para todos los ciudadanos, hoy en día el más fuerte es el que gana, no él más justo. Toda la sociedad necesita de una acción justa para evitar que gobernantes tiránicos impongan sus injusticias. Para evitar las injusticias es necesario que todos nosotros nos curemos el alma de la codicia del poder y dinero, de la mediocridad de ser débiles y no tener coraje para enfrentarnos a la vida; de la ignorancia que nos impide discernir para ver con claridad, del egoísmo que nos lleva a la indiferencia con otro ser humano. No olvidemos que la historia la hacen los seres humanos para bien y para mal, no los países como trozo de tierra ni los dioses.

Ya en tiempos inmemoriales se desarrolló un profundo conocimiento del ser humano, de la naturaleza y del cosmos —del ser humano como ente biológico y alma; de la naturaleza como un principio dinámico cuya fuerza todo mueve y se transforma creando vida para que los seres vivos puedan desarrollarse e ir más allá de lo aparente, yendo de lo uno a lo múltiple y viceversa; del cosmos como ente primordial que todo contiene y es fuerza creadora que genera Vida a través de la Conciencia Universal, en diferentes escalas, evidentemente. El cosmos es el caos ordenado para que la razón humana pueda comprender con todos sus cuerpos su verdadera naturaleza primigenia. Hoy en día hemos perdido la perspectiva del Ser y nos centramos en la pequeña mente racional donde todo se fracciona en lugar de buscar la unidad. Vivimos en lo opuesto a HEKA. 

Para volver al mundo de la magia de los dioses hay que desearlo en el corazón dorado, hay trabajar sobre uno mismo, esforzase por comprender los enigmas de nuestra vida y de nosotros mismos, rompiendo velos para ver más claro; como decía Epicteto ir creando nuestra propia escultura, lo que implica quitar lo superfluo. Penetrar en el mundo de HEKA es reconocer el alma, elevar el espíritu hacia el Bien, esencia de Todo, porque cuando hacemos lo correcto todo se armoniza en nuestro interior y como consecuencia nuestro exterior, cambia. La persona está dispuesta a quitarse la máscara y verse como parte indivisible, individuo, entrando en la unidad y sintiendo la vibración de la magia de los dioses, HEKA. El humano que se maravilla de la naturaleza del universo, de la naturaleza como planeta y de la naturaleza del ser humano, vive la magia en su interior, vive libremente y la luz de su interior irradia a través de sus ojos.

Hoy en el siglo XXI pensamos que lo que tenemos prima sobre lo que somos, de ahí vienen el desequilibrio y el desorden tanto en la política social como individual, vivimos en un desorden interior porque nos hemos alejado del orden del cosmos. Hemos perdido el objetivo que es conquistar nuestra libertad y serenidad para poder vivir con dignidad y armonía. Si estamos en la dinámica de buscar la armonía, tomamos distancia de las situaciones, de las emociones y vemos las cosas con otra perspectiva, comprendemos las situaciones, las relaciones y no nos lanzamos de cabeza al conflicto porque nuestro discernimiento nos mantiene en el equilibrio, dejamos de estar en la reacción para centrarnos en la acción de construir y observar para aprender, pues todos aprendemos de todos.

HEKA, la magia de los dioses es el nudo invisible que todo entrelaza, que une el mundo visible de lo manifestado al mundo invisible del universo, cuya fuerza todo anima —el alma del universo, el alma del mundo, el alma del ser humano—.  Somos almas vivas y eternas y podemos sentir en todos nuestros cuerpos la armonía del Universo, principio de Vida. Solo tenemos que recordar para conectar, por eso los antiguos filósofos daban tanta importancia a la memoria.

Vivir en la magia del Alma, de la Vida que todo anima es vivir en otra dimensión donde la justicia y la dignidad son dioses que hay que respetar para vivir en Maat, diosa de la armonía, que gobierna el timón de nuestro Ser donde las potencias de lo Bello, de lo Justo, de la Verdad residen, así podemos vivir según nuestros parámetros sin necesidad de echar la culpa a otros de nuestra torpeza y errores, somos conscientes de nuestra responsabilidad, esta es la magia del ser humano.

Como he dicho anteriormente, la historia la hacemos las personas, no los países, ni Dios. Solamente, los seres humanos creamos el conflicto al olvidar el orden en nuestro interior, somos un reflejo del cosmos y no podemos olvidar los derechos y obligaciones que tenemos.

Aprender a vivir, aprender a observar, aprender a amarnos, aprender a respetarnos, aprender a deleitarnos con la Naturaleza que todo engloba, es HEKA, la magia de los dioses, así dejaremos una estela en el cielo y en la tierra para que los que vengan detrás encuentren fácilmente el camino.

                   

Libro: “La Naturaleza Sagrada del Ser Humano”. Dibujo Lorena Ursell

martes, 15 de agosto de 2023

Viejas almas vuelven como estrellas fugaces

En el siglo XV-XVI se reunieron en Europa grandes mentes, entre ellas Giordano Bruno, Pico de la Mirandola y Erasmus de Róterdam, que defendieron con su vida el amor a la libertad, a la justicia, a la dignidad del ser humano, al universo, a la esencia Creadora.

Sus legados destruyeron murallas y crearon vergeles de ideas, pensamientos, acciones que brotaron como flores raras en un desierto árido y, sin embargo, ese océano de arena estaba sediento de esa fuente de conocimiento y, poco a poco, algunas gotas de arena florecieron y se expandieron con el viento hacia otros confines de fértil suelo.

Todos ellos vivieron unas vidas de peligros, combates y persecuciones, pero ninguno se retractó de su verdad y aunque durante siglos estuvieron olvidados, esas semillas de luz volvieron a crecer y a brillar trayendo nuevas fuerzas para que el buscador de la verdad pudiera continuar el camino.

En ese universo de millones de mundos, en una estrella en la constelación de las Pléyades, estos tres titanes se encontraron y recordaron algunos momentos en nuestro planeta que tanto amaron.

—Erasmus: ¿Cuánto tiempo hace que no coincidíamos?, he estado viajando por universos y mundos diversos, ¡cuánta razón tenías, Giordano, al defender la infinitud del universo y su movimiento eterno!

—Giordano, en la tierra me condenaron por hereje, pero es maravilloso ver esta realidad con nuestros propios ojos, risas…, ahora somos pura energía. Sabía que el universo es infinito, con sus miles de formas y mundos; mi intuición, mis reminiscencias me ayudaron a ver y a comprender la existencia de millones de vidas diferentes, entre ellas la de la Tierra, sin embargo, mi compromiso de lealtad fue el latido de mi corazón, aunque la ignorancia pesó más que la verdad. Sabemos, que cuando nacemos como humanos perdemos parte de nuestra conciencia universal y nos olvidamos de quienes somos; al vivir incompletos, nuestro ego e ignorancia toman el relevo de esa sabiduría olvidada y nos hacen creer que todo lo sabemos…, (sensación de tristeza por ese gran error que domina la Tierra). El dolor y sufrimiento que algunos humanos han provocado al imponer dogmas, creencias, errores a través de eones, ha sido cruel y devastador. Mirando el escenario actual del mundo del siglo XXI, no ha cambiado mucho, unos dioses han sido reemplazados por otros y siguen causando graves daños.

—Pico, ¡Me alegra veros! Yo también he estado viajando por este infinito universo que todo es. Somos el ayer, el hoy y el mañana. Este enigma que los humanos piensan poder descubrir con su mente solo trae más confusión y error; solo aquellos que están dispuestos a desentrañar dicho enigma lo pueden hacer con una mente abierta y sincera, llaves que abren la puerta al universo interior. Me conocieron en la tierra como el príncipe de la concordia, deseaba que comprendieran que conciliando los opuestos se origina la libertad de pensamiento, elevando nuestros pensamientos, nos elevamos nosotros mismos, así podemos buscar la grandeza y aportar una flor a ese infinito jardín que es el conocimiento interior y la vida; la dignidad humana es vital para vivir. La finalidad del Ser Humano no ha cambiado, sigue siendo lograr su evolución interior no solo material e intelectual, sino también de la conciencia, solo así se llega a la concordia entre los principios y los fines, al equilibrio —sin críticas y sin juicios—, buscando la verdad en su Ser. Todos hemos sido víctimas de la violencia e ignorancia, no solo intelectual, sino también filosófica (amor a la verdad, a la sabiduría); el no comprender que no es entender, trae esas terribles consecuencias. Yo defendía la concordia, la libertad, el libre pensamiento para que cada uno fuera su propio explorador, que sintiera su grandeza uniendo el cielo y la tierra. Ahora en este precioso lugar etéreo te das cuenta de que cada ser humano tiene su propio camino, y al ser dueño de su vida debe acallar la voz de la destrucción provocada por la competición, el egoísmo, la ignorancia y centrarse para oír su voz interior, la voz del corazón para que pueda vivir armonizado con las leyes de la naturaleza y así evitar más conflictos. Vivir en el corazón es vivir la experiencia interior, el que no experimenta, no sabe; hay que saber para comprender.

—E. añadió: la educación es la base de la formación, no solo una educación libresca, sino una formación como humanidad, viviendo en unidad, en la concordia y en la verdad; dejar de competir constantemente para evitar la división, el estrés y la ira que producen esa carrera sin meta. Es importantísimo enseñar desde la más tierna infancia valores de respeto, de libertad, de lo justo, de la verdad, enseñar que la verdad es sentirse en armonía para que su conciencia crezca como un roble y le guie a medida que vaya creciendo para que cuando sea adulto tome decisiones correctas, basadas en el corazón, en el sentido común y no en la pequeña mente del ego. Como Sócrates, hay que ser polémico y conciliador, buscar y conocer los arcanos de las enseñanzas de todo el mundo, para que se den cuenta de que la esencia de la verdadera enseñanza secreta es la misma, somos almas en cuerpos físicos. El ser humano es un microcosmos dentro del macrocosmos, por eso es libre y digno porque es el actor de su destino, así sabrá vivir la vida y no estará a la merced de las opiniones cargadas de prejuicios.

En ese momento de complicidad, de silencio, de amor, una nueva energía se sumó al trío, era el alma del querido Sócrates, que al oír su nombre quería dejar una estela de compasión y amor. Sócrates trajo consigo una luz muy intensa y ligera, como una risa salida del corazón de cristal que hace vibrar las cuerdas de los planetas.

—Nuestras experiencias como humanos son como miles de gotas de agua que chocan entre ellas para generar la lluvia que trae abundancia o destrucción. Todos llevamos dentro la conciencia superior, el YO SOY, voz interior que nos guía, como mi daimon y a la que debemos conocer. Es muy   importante, diría vital, conocerse a sí mismo para poder decidir y no entrar en esa opinión de los demás que tiene algo de verdad y algo de mentira. Cuando nos conocemos como humanos, podemos armonizarnos con las leyes de la naturaleza para aceptar que todo en la tierra es cíclico, efímero, por lo tanto, vivir en armonía con nuestra alma, alimentándola de pensamientos elevados, siendo éticos, como decían los egipcios vivir según las leyes de Maat —verdad, justicia, armonía, respeto— nos proporciona alegría y buen humor porque sabemos que nuestra misión es despertar al alma inmortal y volver a casa.

Las cuatro energías se unieron y una estrella gigante nació para que sus semillas-partículas llegaran de nuevo a la Tierra como estrellas fugaces, trayendo deseos de sabiduría: “¡Qué las leyes de la Naturaleza sean comprendidas! ¡Qué los espíritus dormidos despierten algún día! ¡Qué los humanos comprendan la unidad de la humanidad! ¡Qué la ignorancia presuntuosa deje de causar servilismo! ¡Qué el ser humano pueda verse en el espejo de la sabiduría y se reconozca! ¡Qué pueda conocerse a sí mismo para conocer su universo!”.

                   

                                         (Imagen Unsplash)

jueves, 13 de julio de 2023

El espejo de los tiempos

El pasado es el espejo de la época y no podemos obviarlo.

Tantas guerras por el poder, tantas vidas eliminadas, tanto dolor y sufrimiento causados por el deseo de poder sin límites de individuos que se han vuelto esclavos de su propio apetito y que, aunque clamen ser los salvadores del mundo, sus corazones laten al compás de la violencia. Como decía Charles de Gaulle, “Los hombres pueden tener amigos, no los jefes de estado”.

En el espejo de los tiempos vemos como se ha deformado la imagen de la humanidad —la sociedad cambia y no siempre a mejor—, por eso hay que cortar las cadenas de nuestros condicionamientos externos para ir más allá del mundo artificial y adentrarnos en nuestra propia conciencia: “lo que se recomienda a otro, debe aplicarse a uno mismo primero, decía Gandhi”.

A lo largo de la historia humana siempre ha habido seres que han luchado para cambiar la forma de pensar de una sociedad dormida, sociedad a la que todos pertenecemos. El resultado al cambio siempre ha sido doloroso y cruel. Sin embargo, el cambio se ha realizado a través de las ideas naturales que pertenecen a las leyes del universo y emergen en nuestro interior, los valientes las llevan de bandera cuyos símbolos son la verdad, la justicia, la libertad que ondean al viento para que ese movimiento eterno esparza sus semillas por todo el planeta.

Nuestra sociedad está en decadencia porque los valores éticos han sido enterrados, no existen en nuestra vida, solo el materialismo florece y nos adoctrina para hacernos esclavos del deseo de poseer lo que nos crea necesidades ilusorias y por las que pagamos un alto precio. Al no tener valores, no sentimos empatía por la raza humana, la dividimos, la ignoramos y nos asentamos en nuestro confort irresponsable. Esta crisis social conlleva frustración y violencia.  No podemos seguir moviéndonos por ciegas y sordas pasiones. ¡Qué paradoja!, deseamos conquistar planetas y, sin embargo, no sabemos vivir en el nuestro.

La imagen que nos refleja el espejo es triste, no por ser en blanco y negro, sino por lo desolador y devastador de la imagen que refleja —hambre, sequía, llanto, desesperación, muerte; guerras que no paran, mares que se tiñen de rojo y guardan en sus profundidades las memorias de miles de personas que huyeron del atroz sufrimiento para sucumbir a las olas del viento; océanos que en lugar de seres vivos se han cubierto de plástico…— El equilibrio de la Humanidad y del Planeta se está destruyendo, vivimos confrontados con la vida y nos aliamos con la muerte. No podemos olvidar que cuando una avalancha está en marcha es imparable.  La Humanidad está herida en su alma.

El espejo del mundo nos invita a ver la unidad en todo, no a fragmentarla. Ya de por sí sobrevivimos a los azares de la vida, no vale la pena seguir confrontándonos unos a otros, imponer nuestras creencias, dogmas, formas de vida. Es responsabilidad de todos mirar nuestro espejo para comprender y aceptar nuestra vida, ya que nos revela nuestra imagen, nuestra alma, así como nuestras emociones a través de nuestra fisionomía.

El viento arrastra la niebla y el espejo brilla de nuevo para mostrarnos la memoria de las ideas eternas de paz, libertad, justicia, dignidad y respeto. Todos tenemos derecho a equivocarnos y también a rectificar nuestros errores, no podemos cambiar nada exterior si no cambiamos en nuestro interior; cuando cambiemos el materialismo por los valores éticos emergerá una nueva generación de caras sonrientes que emanen fuerza y bondad, como dijo Winston Churchill, “la responsabilidad es el precio de la grandeza”.

                                                       Post de la web

miércoles, 21 de junio de 2023

Dignidad, Libertad y Justicia guerreros de la paz

La figura de Mahatma Gandhi irrumpe para recordarnos esa lucha sin espada que es la no violencia,   AHIMSA.

Como todos sabemos, Mahatma Gandhi luchó por obtener la independencia de su país y de los seres humanos en general a través de la dignidad, libertad y la justicia. Su lucha fue oponerse al opresor con la desobediencia pasiva que implicaba disciplina, cautela y atención. Luchó contra los abusos de las autoridades con la no violencia porque como bien decía: “ojo por ojo y toda la humanidad terminará ciega”.

Cuando estamos en el centro del equilibrio, estamos en armonía donde no hay causa y efecto; en cambio, cuando nos separamos del centro, nos dirigimos hacia los extremos de la dualidad donde se producen causas y efectos, lo que denominamos karma, y como bien sabemos todo tiene consecuencias, cada uno es responsable de sus actos y elecciones.

Ahimsa va más allá de la no violencia. Ahimsa implica el autoconocimiento porque la violencia se genera en los pensamientos y a través de las palabras y acciones generamos conflicto y dolor. El autoconocimiento nos ayuda a cambiar de actitud porque comprendemos lo que hacemos al vivir conscientemente. Ahimsa, implica, además de la no violencia, verdad, discernimiento, respeto, dignidad, libertad y justicia, todos ellos guerreros de la paz.

Para penetrar en los misterios de Ahimsa es necesario sentir una fuerza interior para redescubrirse y empezar a vivir en esa energía de la vida buena que nos lleva a la solidaridad y respeto de todos, a sentir que nuestra dignidad es la dignidad de todos contra la brutalidad. La dignidad nos conduce a la libertad porque empieza con el respeto de uno mismo y el respeto del otro. Libertad no es hacer lo que se quiera, tanto en la libertad como en la vida existen límites que son los campos que pertenecen a los demás. La dignidad y libertad nos llevan a la justicia, a una justicia igual para todos, sin preferencias. No debe haber supremacías de abusos contra las minorías, pues la ley natural nos dice que la dignidad, libertad y justicia son la base de una vida buena para cada uno de nosotros, es decir, su conjunto, humanidad.

El camino de los seres humanos es dual mientras vivamos en el planeta Tierra, sin embargo, ese camino también es el camino de la solidaridad, generosidad, grandeza humana, donde la complejidad y diversidad florecen en todos los rincones de la tierra, creando filosofías, culturas, tradiciones para que las ideas de todos se mezclen y generen proyectos para un mayor bienestar y una mayor sabiduría.

 “El espíritu de la democracia no es algo mecánico, obtenible a través de aboliciones formales. Requiere un cambio en el corazón”.  “La no violencia es la fuerza más formidable que tiene la humanidad a su disposición. Es aún más poderosa que la más potente arma de destrucción ideada por el ingenio del hombre”. Mahatma Gandhi.


                                                              (foto de la web)


domingo, 30 de abril de 2023

Vivir sin sentido es un sinsentido

Como dice François Cheng: “Todo objetivo en la vida es el rayo de sol en un mar de tinieblas”.

El deseo de preguntar, buscar, comprender está implantado en nuestro ADN y forma parte del misterio evolutivo del ser humano.  La curiosidad que sentimos por los misterios es natural y el más grande de todos ellos es nuestro propio universo, cuando nos lanzamos de cabeza a nuestro abismo sin saber hacia dónde nos lleva, sentimos y comprendemos de inmediato las profundidades silenciosas de las leyes del alma, las leyes de la grandeza humana lo que nos ayuda a reajustar nuestra nueva visión de la vida con sabiduría, siguiendo las indicaciones que la intuición y el conocimiento nos brindan con sus palabras silenciosas.

El reto de intentar descifrar los códigos de nuestro universo es una tarea que requiere coraje y voluntad y como premio recibimos generosidad, compasión y empatía para vivir en el mundo que nos rodea. Dicho desafío nos ayuda a construir una hermosa vida cuya base es un diamante inquebrantable de valores necesarios para saber lo valiosas que son las vidas de las personas. El poder sin justicia es violencia, sabemos que las ideologías impuestas generan luchas de todos contra todos, lo que conlleva un cambio profundo e inmediato en la sociedad, estos perturbadores movimientos suelen ir acompañadas de atroces comportamientos.

No podemos traspasar el límite del respeto porque perderemos la humanidad para siempre. Vivimos momentos de gran miopía general en el mundo entero y a causa de su ceguera caminamos por la vida dando traspiés. No queremos ver las cosas como son y nos convencemos de que, si no vemos, no existe, aunque es un craso error, la ignorancia duerme en un plácido sueño de confort, siempre con consecuencias. Alzamos la voz pidiendo paz, igualdad, justicia, libertad, muchas veces sin saber por qué lo hacemos; nos unimos a movimientos que están de moda porque así nos sentimos parte de algo. Sin embargo, cuando comprendemos que los valores   requieren responsabilidad de cada uno de nosotros, nos damos media vuelta y nos alejamos. Este sinsentido nos conduce a una sequía atroz de valores éticos, lo que conlleva, sin remedio, al conflicto.

El sentido común, que debería ser el más común a los seres humanos, es el sentido que más ausente está en la vida. Los estandartes de confusión que algunos portan en la actualidad con orgullo solo traen latigazos de dolor, carecen de valores y pretenden que la sociedad se mire en un espejo que distorsiona la imagen de lo que es, un conjunto diverso y complejo de mujeres y hombres.

Nuestra sociedad está cambiando y el cambio debe ser bueno y justo para todos. La historia y sus tumultuosos azares nos ha demostrado que las crisis sociales tienen como base las crisis económicas, así lo podemos observar en ese espejo de época pretérita al que hemos sobrevivido pagando un altísimo precio de vidas cuyas últimas imágenes fueron de terror. Sabemos que la decadencia de cualquier pueblo surge cuando la división entre los seres humanos comienza a manifestarse de forma abrupta, cuando se impone ideologías que solo sirven a algunos en detrimento de otros, cuando se actúa por coacción y terror; los poseídos por la voluntad de poder no comprenden el camino de la grandeza al estar intoxicados de egoísmo y orgullo.

Como decía Max Jacobs: “El sentido común es el instinto de la verdad”, es dar sentido a la vida, es vivir en la grandeza de ser un ser humano.

El sentido común nos hace ver que es un sinsentido vivir como marionetas. No deberíamos aceptar la hipocresía y la mentira como parte de nuestra vida. No podemos perder de vista que el objetivo de todos es llegar a una convivencia plural y pacífica y esto se consigue a través de una labor conjunta de todos los seres humanos. 

Charles Dickens, en “La historia de dos ciudades”, escribió: “… Parecía que lo teníamos todo y no teníamos nada. Íbamos directamente hacia el cielo, pero nos extraviamos por el camino”.

¿Cómo podemos seguir escuchando a esas marionetas que tan seguras de ellas se creen? 

Sócrates nos susurra: “No puedo enseñar nada a nadie, solo puedo enseñarles a pensar”. Entre lo que piensa una persona y lo que dice hay un gran abismo, por eso el bien común va más allá del bien individual porque todos estamos incluidos, esto ya lo defendían los griegos y romanos.

El bien común genera grandeza humana cuyo desafío es oír el susurro del silencio: “no busques valores absolutos en el mundo relativo de la naturaleza”.


(Foto privada)

martes, 7 de marzo de 2023

Sentir la belleza para disfrutar el baile más hermoso de la vida

Somos dados a definir y a clasificar diferentes campos de nuestro cuerpo y ramas del conocimiento, pero nos olvidamos de lo esencial en nosotros que es el sentir. Solemos banalizar al cuerpo emocional dando prioridad a otros. Aún no hemos comprendido que somos unidad y que todo está entrelazado.

Estamos en una época donde el racionalismo es el jefe supremo, todo lo antiguo está equivocado y lo descartamos, aunque a través de los siglos siempre ha habido una vuelta hacia los clásicos donde muchas verdades siguen estando envueltas en papel de seda.

Sentir es profundizar en lo más hondo del ser, tirarse de cabeza al abismo interior para descubrir su sonido y belleza. Podemos sentir la caricia del aire, la belleza de las auroras, la sensación del agua en nuestra garganta, la música, la serenidad interior y la alegría. Todo es sentir tanto a nivel exterior como interior.

Una prueba de ello lo tenemos en la Naturaleza. La naturaleza siente y crea constantemente, siempre pone a nuestra disposición las semillas de la evolución. Hay personas que son sensibles a ello y lo ven, otras no, pero no ver algo no es una prueba de su existencia.

La naturaleza es creatividad pura. Cualquier cosa que nazca en la tierra, incluido los seres vivos, se quedará en la tierra, no olvidemos que nosotros estamos hechos de sus mismos elementos. La tierra es conciencia y produce todo lo que necesita el ser vivo que en ella habita.

Sentir nos pone en contacto con nuestra imaginación y a través de la creatividad personal concebimos arte. Todos somos artistas de nuestra vida, sin embargo, solo algunos osan crear su propio camino sin miedo a los obstáculos, así su obra inspirará a otros.

El arte es la manifestación de una idea que procede del interior del ser humano que desea expresar sus sentimientos, su visión de vida, su sentir. El arte está íntimamente ligado al sentimiento de su autor.

Muchas veces los genios se forjan mediante el dolor y el sufrimiento, pero renacen de sus angustias para crear auténticas y maravillosas obras de literatura, pintura, música… Esos genios son en realidad auténticos héroes porque no han sucumbido a su abismo personal. Han sentido esa vibración que se produce en el límite interior donde se descubren las cualidades interiores —intuición, imaginación, percepción, emoción, sentimiento, pensamiento, ideas—.

Sentir es una fuerza que acompaña a los valientes porque es un continuo levantarse y caerse, pero ellos saben escuchar la música de la confianza que resuena en su alma y que como una mano invisible los ayuda a proseguir su camino sin mirar atrás.  Esa sinfonía les afecta profundamente a tal punto que cambia sus vidas para siempre.

Sentir es experimentar en nuestro universo individual —interno y externo— un sonido, un olor, una caricia, la serenidad de un paseo cerca de un lago, la belleza del canto de los pájaros, el olor a fuego de hogar, unas palabras, la armonía de una sinfonía…— y es así como experimentamos la belleza.

La idea de belleza es subjetiva, cada ser ve y siente algo que los demás no pueden, recordemos que la enseñanza no puede transmitirse de un individuo a otro. La enseñanza debe ser experimentada individualmente. La belleza existe porque sentimos una vibración sublime de un sentimiento —la retina del espectador ha guardado esa imagen al sentir como su alma se ha elevado y un recuerdo ha golpeado su corazón—.

Sentir calladamente para oír el silencio de la música del cosmos. Las flores y las estrellas nos hablan de sus secretos, aunque guardan sus historias para aquellos que saben que el cielo y la tierra están dentro de ellos, escuchan en el silencio la sinfonía de la alegría para que su alma baile entre el perfume de las flores diurnas y nocturnas que elevan al cielo su fragancia para celebrar con los ángeles la alegría de que otro niño del universo ha escuchado la sinfonía y desea dejar su huella. 

La naturaleza con sus flores, árboles, lagos, ríos, mares, montañas, desiertos nos ofrece la libertad de ser originales, de capturar la belleza de lo que nos rodea, todo es movimiento, todo crece y evoluciona. La naturaleza es un mundo en eclosión y al mismo tiempo un mundo de ocultación, ya que la vida se genera en lo más profundo de la tierra y se manifiesta en los brotes que vemos.

Los genios y los sabios han sido seres solitarios que se encontraban en unión con la naturaleza y su observación les permitía comprender el milagro de la vida interior y exterior. Así pues, los sentidos son esenciales para iniciar el conocimiento y llegar a lo más profundo de nuestro ser. La naturaleza es nuestra maestra, nos enseña que debemos tener la cabeza en el cielo y los pies en la tierra para disfrutar plenamente de la vida.

El “cielo” es la sinfonía perfecta que se oye dentro del alma y la podemos manifestar a través de los sentimientos, emociones y acciones, dejando su impronta en notas musicales, en mármol, en lienzo, en papel o en el aire.

Vivimos en un mundo de diferentes lenguas, saberes, tradiciones, creados por la belleza del sentir individual que nos lleva a desear encontrar la verdad del conocimiento sublime.

En mi opinión, creo que Beethoven con su maravillosa novena sinfonía es un ejemplo de que sentir es pura belleza.

Himno de la alegría de la novena sinfonía de Beethoven, con el poema de Friedrich Schiller, nacido en 1759, Alemania.

¡Alegría, hermoso destello de los dioses, hija del Elíseo! / Ebrios de entusiasmo, entramos, / diosa celestial, en tu santuario. / Tu hechizo une de nuevo lo / que la acerba costumbre había separado; / todos los hombres vuelven a ser hermanos / allí donde tu suave ala se posa. / Aquel a que la suerte ha concedido / una amistad verdadera, / quien haya conquistado a una hermosa mujer, / ¡una su júbilo al nuestro! / Aún aquel que pueda llamar suya / siquiera a un alma sobre la tierra. / Más quien ni siquiera esto haya logrado, / ¡que se aleje llorando de esta hermandad! / Todos beben de alegría / en el seno de la Naturaleza. / Los buenos, los malos, / siguen su camino de rosas. / Nos dio besos y vino, / y un amigo fiel hasta la muerte; / lujuria por la vida le fue concedida al gusano / y al querubín la contemplación de Dios. / ¡Ante Dios! / Gozosos como vuelan sus soles / a través del formidable espacio celeste, / corred así, hermanos, por vuestro camino alegres / como el héroe hacia la victoria. / ¡Abrazaos millones de criaturas! / ¡Que un beso una al mundo entero! / Hermanos, sobre la bóveda estrellada / debe habitar un Padre amoroso. / ¿Os postráis, millones de criaturas? / ¿No presientes, oh mundo, a tu Creador? / Búscalo más arriba de la bóveda celeste / ¡Sobre las estrellas ha de habitar!

 

                                 (Texto de F. Schiller y foto de la web)