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Ahimsa es vida

viernes, 23 de agosto de 2019

Los niños y jóvenes son el futuro


¡Nada se puede  cambiar si nosotros no cambiamos!
 
Hago una llamada a la sensibilidad de todos los seres humanos para que reflexionemos y pongamos nuestro grano de arena para intentar dar un cambio a nuestro panorama oscuro y pongamos notas de color a este caos en el que vivimos. Si deseamos realmente un cambio debemos empezar por nosotros mismos abriendo nuestra mente a la tolerancia, a la diversidad cultural y religiosa, a la abundancia económica y al bienestar social; para ello se requiere un cambio en la forma de pensar, en nuestra actitud, estar en la acción positiva y no en la reacción negativa. Soy consciente de que necesitamos unidad, coordinación, estrategias, compromisos, soluciones, ganas y esfuerzos y así obtendremos los resultados deseados,  mi divisa es: deseo = acción = resultado.

¿Qué necesitamos para cambiar el mundo?, ganas y fe. Parece una obra inmensa, descomunal, una responsabilidad abrumadora... y lo es, pero siempre se puede construir algo con ganas, esfuerzo y compromiso. Los cimientos para construir un mundo mejor son los valores que hemos olvidado: honor, lealtad, honestidad, integridad, fuerza, dignidad, coraje, sabiduría..., sin valores no podremos realizar ninguna obra, solo alimentaremos nuestro ego y éste no es el compañero ideal  para crear puentes.

En estos momentos el mundo nos ofrece un cuadro claroscuro bastante deprimente; en los cuatro puntos cardinales vemos las mismas sombras ominosas que se ciernen sobre nosotros: corrupción, problemas sociales, comportamientos inhumanos, injusticia, intolerancia, violencia, miserias paupérrimas, contaminación del planeta –cada día más alarmante-, guerras y matanzas y sus terribles consecuencias; las armas son cada vez más sofisticadas, matando a mayor número de personas, creando desolación, muerte y sufrimiento, enfermedades cada vez más raras, tanto físicas como mentales, la crueldad va en aumento... Nuestro futuro, los niños y jóvenes no tienen muchas alternativas ni expectativas, nuestro planeta está sumido en una sombra  tenebrosa.

Hay que poner un poco de color a este cuadro tan oscuro y para ello tenemos que tomar consciencia de que nuestros pensamientos, palabras y acciones crean vibraciones y reacciones con consecuencias que se propagan y vuelven hacia nosotros, su centro. La vida pasa para no volver, excepto, en nuestros recuerdos. Cada día escribimos o borramos alguna página de nuestra historia. Cuando llegue el momento de recordar nuestra vida, en ese último suspiro, deseo que tengamos momentos de gloria por haber hecho lo correcto y lo máximo en nuestra existencia,  cuyo objetivo es ser feliz y ayudar a los demás a lograrlo.

No todos podemos estar en la palestra de la vida pública, política, financiera, religiosa para tomar grandes decisiones que tengan que ser acatadas por todos, pero cada persona forma parte del eslabón de la humanidad y contribuimos en bien o en mal dependiendo de nuestra responsabilidad. Para poder cambiar algo tenemos que conocer los problemas existentes y buscar soluciones; nosotros a pequeña escala no podemos tomar grandes decisiones pero sí podemos no permitir más ultrajes y denunciar los abusos y las injusticias.

Cambiar el mundo no significa que tengamos una varita mágica y mañana todos los problemas se hayan solucionado, tampoco sería una solución ya que no aprenderíamos y volveríamos a caer una y otra vez en la misma situación. Para aprender debemos ser conscientes de lo que nos pasa. Nos hemos olvidado de reír -de intercambiar sonrisas, palabras agradables, miradas alegres y serenas- por estar inmersos en un mundo material y egoísta.  Uno de los problemas más urgente es poder preparar a los niños y jóvenes para enfrentarse al mundo. Para ello es necesario educación, solidaridad, generosidad, alternativas, proyectos, libertad y paz. Deben estar preparados para respetarse a sí mismos y a los demás, deben prepararse para buscar soluciones y no rupturas, deben prepararse para no utilizar la venganza sino el perdón, deben prepararse para la tolerancia, la paz, el desarrollo, la libertad y la justicia. Tienen que aceptar que todos somos iguales, que no hay diferencias entre los seres humanos y por lo tanto hay que respetar el espacio, la cultura, la ideología de cada ser.

Hay que ser valientes para soñar y volar y estar convencidos de que todos juntos podemos cambiar el mundo con acciones positivas, empezando por nosotros mismos en nuestras pequeñas comunidades. Es hora de cambiar la sombra de nuestro mundo por colores y fragancias de primavera.
                                                        (Angelescarretero.com)

domingo, 21 de julio de 2019

Un cambio profundo se está produciendo


La Humanidad está sufriendo un cambio profundo como unidad, lo hace a una velocidad vertiginosa lo que produce confusión y desequilibrio. Los conflictos armados son cada vez más cruentos pues hay una parte ínfima de individuos que anteponen su objetivo de poder y dinero a la vida humana. La pobreza se expande como una pandemia por todos los países del planeta creando violencia e injusticias. La educación en muchos colegios y universidades está enfocada para obtener un título y ganar dinero, no para mejorar a la sociedad e intentar crear un mundo mejor cuya bandera sea el respeto, la libertad y la tolerancia ni siquiera muchos estudiantes estudian para aprender, la competición es tremenda, en las empresas somos números y no personas. Los valores humanos se están perdiendo, somos lo que tenemos y no lo que sentimos, lo que provoca más violencia y desequilibrio.


La Humanidad está cambiando junto con sus valores -honestidad, dignidad, respeto- que no deberían cambiar, ya que estos valores son la base para una convivencia serena y fructífera. Nuestra forma de vivir ha cambiado pero, desgraciadamente, no para mejor; el odio, la rabia, la venganza, los celos son frutos de esos cambios que sufrimos debido a la división entre los seres humanos. Los progresos tecnológicos son importantes si sirven para ayudar a la Humanidad, pero más importantes son aún los derechos humanos de la Humanidad. Las relaciones humanas han cambiado, ahora se hacen a través de un chat de ordenador, escudándonos detrás de una pantalla y, muchas veces, creando un personaje ficticio que es el opuesto a la realidad. El mundo virtual nos bombardea y manipula, nos impone sus reglas, nos dice como tenemos que vivir, qué comer, cómo vestir, qué creer y si no seguimos los cánones previstos, no estamos dentro de la norma -la diferencia sigue molestando, somos marionetas articuladas  movidas por los más fuertes tanto del poder político, social, financiero y religioso-.

El gran cambio de la Humanidad está en marcha entre luces y sombras.  Esperemos y luchemos para que las luces iluminen, poco a poco, todo el planeta. Como decía Pitágoras “hay que prosperar en justicia y sabiduría”.


                                                     (foto de la red)

sábado, 6 de julio de 2019

La Paz como bálsamo que sana


La gran mayoría de las personas desean la paz pero muy pocas luchan por conseguirla, incluso los que tienen el poder de dirigir los países prefieren ganar dinero y más poder con las armas. Sus decisiones y consecuencias las conocen bien los ciudadanos de a pie.


La paz y la guerra son dos mundos diferentes, opuestos en violentos contrastes. Las guerras son creaciones diabólicas de seres que solo se alimentan de odio, codicia y venganza. La paz es una actitud individual ante la vida y como creía Pitágoras y otros muchos sabios, con la paz se puede llegar a crear una ciudad ideal y justa, siempre que sus dirigentes sean personas honestas y leales al bienestar de los  ciudadanos.

Para establecer la Paz hay que sentirla en la profundidad de nuestras entrañas, así podremos luchar por ella pues forma parte de nuestra alma, y, ante un problema que nos apunte directamente  no tendremos miedo de afrontarlo, sino todo lo contrario, seguiremos luchando con renovadas fuerzas.

La lucha entre esos dos mundos de contrastes violetos debe acabar. Este trágico conflicto no puede tener como solución más armas, más guerras, más muertes, más éxodos, más crueldad…; para solucionar este conflicto los gobernantes, políticos, financieros, religiosos deben implicarse seriamente  en un compromiso real y sincero, anteponiendo la vida y el respeto de cualquier ser humano al poder o al dinero.

Los seres que viven impulsados por el odio, la ignorancia y el fanatismo siguen las normas dictadas por su crueldad dejando secuelas físicas, psíquicas y espirituales tan profundas que pasaran muchas generaciones antes de que sus víctimas por racismo, religión, emigración, guerra… borren de su memoria ese dolor y sufrimiento. La Paz es el único bálsamo que cura dichas heridas y borra esas cicatrices.

La crisis humanitaria que en estos momentos padece el mundo es atroz,  debido entre otros muchos conflictos, al gran éxodo de cientos de miles  de seres humanos que se encuentran en un estado de desesperación profundo porque sienten que su vida no vale nada, no tienen presente ni futuro, y su pasado es un infierno del que han preferido huir y morir, antes de seguir viviendo entre aves carroñeras. No podemos olvidar a todas esas personas que han dejado sus vidas luchando por encontrar un mundo mejor y debemos rendirles homenaje por su fortaleza y determinación; a las personas que han logrado llegar a un destino, tenemos la responsabilidad y obligación de ayudarlas y no podemos abandonarlas encerrándolas  en campos de refugiados donde la miseria, la violación y el hambre son los reyes absolutos. Ya han sufrido bastante las consecuencias de las decisiones de los que han generado las guerras. Todos los refugiados tienen el derecho a ser respetados y a tener una vida digna.

Sin justicia social no se puede crear una sociedad justa ni próspera, es necesario que todos los seres humanos tengamos las necesidades primarias cubiertas -trabajo, casa, sanidad, educación, seguridad, libertad-,  para que podamos vivir, aprender y seguir evolucionando, y, los responsables para conseguir dicha justicia social son los dirigentes que tienen la obligación y responsabilidad de cuidar y proteger a todos los ciudadanos y no solo hacer justicia social en favor de unos cuantos.

La voz de la guerra es una voz apagada, donde la ira y el odio enturbian los sentidos y crean escenarios de horror y violencia. La voz de la paz es una voz viva y clara donde el amor y la alegría nutren los sentidos y crean escenarios de bienestar y serenidad.

La voz de la paz se oye en todos los rincones del planeta porque es llevada por el aire que todo atraviesa, y, dice ¡BASTA!, a tanta violencia y crueldad. Es el momento de que el bálsamo de la paz cure las heridas del alma de todos los seres humanos para volver a  vivir con dignidad, respeto, justicia y libertad en cualquier rincón del planeta porque todos somos ciudadanos de la Madre Tierra. 


                                               Foto de la red

jueves, 20 de junio de 2019

La libertad, símbolo del cambio


La libertad sin paz es como un brazo sin mano.
 
Uno de los grandes deseos de gran parte de la Humanidad es combatir la ignorancia con la educación  en todas partes –no solo en el colegio sino en casa, en el trabajo-, para poder elegir y no seguir al rey de la manada si no estamos de acuerdo, poder vivir nuestra vida sin sometimiento, miedo o prejuicios que generan violencia, injusticia e intolerancia. La libertad nos da la oportunidad de reflexionar, decidir y elegir lo que queremos ser y deseamos hacer, siempre con respeto y responsabilidad, sólo así, en la  libertad y en la paz podremos florecer como un loto blanco en todo su esplendor.

Lo más complejo de la Vida no es vivir. Lo más complejo de la Vida somos los seres humanos porque todos somos singulares y diferentes, pero en el fondo todos queremos ser iguales. Nos molesta e incluso nos hiere las diferencias de los demás, raza, creencia, cultura. Estas diferencias que queremos igualar o imponer, en ciertos casos, producen confusión, intolerancia y violencia. Cuando estamos delante de una situación que nos produce dolor, resentimiento, tristeza o culpa  recriminamos a la vida buscando culpables ajenos a nosotros, mientras nosotros nos ponemos la máscara de víctima. Queremos saber pero no queremos experimentar la responsabilidad de nuestros actos y palabras. Nos olvidamos que para aprender necesitamos cometer muchos errores, cayéndonos y  levantándonos miles de veces, sabio aprendizaje el de la vida. Toda raíz nace en la oscuridad de la tierra para que una hermosa flor emerja.

La memoria de la carne aúlla con tal dolor que da escalofríos oírlo pero seguimos en la misma postura. No nos gusta el cambio, pues produce incertidumbre y hace tambalear nuestro confort, creemos que lo conocido es mejor que lo desconocido, equivocándonos muchas veces en esta afirmación, prefiriendo morir un poco cada día en el sofá del conformismo que buscar nuevos horizontes y experimentar la vida. Es verdad que la incertidumbre precede siempre a los grandes cambios; la Vida es un continuo cambio y renovación, la vida es una aventura donde nos adentramos en el mar rumbo hacia ese amanecer de colores sin saber lo que hay detrás del horizonte. El hombre es un navegante de mares tempestuosos donde se pierde a menudo y se condena a vivir entre la niebla y, pocos, salen airosos de la batalla de la conciencia que nos regala el cambio que es la llama de la vida y nos ayuda a descubrir nuevas posibilidades bajo nuevas perspectivas, siempre y cuando nuestras acciones sean realizadas por amor y no por ser el vencedor de esa lucha de poder porque al final esa lucha se vuelve contra nosotros y, tarde o temprano, perderemos.

La  libertad es el aire que se mueve y se filtra a través de la piedra y de la piel, no tiene límites, no tiene barreras, se cuela por la menor rendija para traer siempre aire renovado, al igual que la sabiduría y la vida, la libertad es infinita. La libertad se alimenta del bien, va unida a la grandeza humana, a los valores que permiten vivir al ser humano con dignidad y respeto. La libertad es no hacer lo que queramos sino hacer lo que debemos hacer correctamente, con responsabilidad y sabiduría. La libertad nos ayuda a crear paz para que todos podamos vivir libremente, pero para ello no basta con desearla hay que ponernos en marcha. La paz necesita guerreros que luchen por el bien común, por los derechos humanos, la justicia y la libertad. Sin estos pilares no puede haber vida, solo habrá enfrentamiento, sufrimiento, resentimiento, venganza y guerra, donde se entierra  el honor y la bondad de los hombres y mujeres.

La libertad significa que somos el rey o la reina de nuestra vida porque tenemos la potestad de luchar por lo que creemos, donde hay cabida para todos, atreviéndonos a ser diferentes; donde no se confunde sumisión con lealtad porque no hace falta ser conquistador para ser respetado.  La libertad es un derecho que todos los seres humanos tenemos y debemos usarlo para crear un mundo mejor y vivir una vida plena en armonía y justicia. La libertad ennoblece las almas porque procura respeto y dignidad.

La libertad se saborea y se disfruta plenamente cuando nos conocemos a nosotros mismos así lo gritaron los sabios, flores de luz del infinito universo, desde el principio de los tiempos.


                               (foto libro La Naturaleza Sagrada del Ser Humano de Ángeles Carretero)


sábado, 15 de junio de 2019

El espejo de los tiempos


La naturaleza engañosa del juego de los espejos -donde todo parece eterno- es debido a que concedemos tiempo al tiempo, un tiempo que no tenemos. El espejo de los tiempos nos lo refleja sin que seamos conscientes de adónde se ha ido la vida ni cómo la hemos vivido.


El presente de la Humanidad se ve reflejado en la imagen del espejo de los tiempos que nos ofrece la imagen de la sociedad y del planeta, ambos inseparables; también, nos muestra imágenes  de nosotros mismos donde, muchas veces, no nos reconocemos ya sea por nuestros actos o porque nos hemos puesto una máscara convirtiéndonos en desconocidos. El espejo refleja lo que somos en cada instante, permitiéndonos observar nuestras acciones y sus consecuencias, no solo a nivel individual sino colectivo.

Si echamos un vistazo a la Historia vemos que muchas personas que lucharon por la paz y el bienestar de los ciudadanos fueron eliminadas porque traían aromas frescos de libertad, igualdad y respeto; sus ideas no podían ser encerradas detrás de unos muros pues bailaban con el aire. Ellas sabían que la Humanidad es unidad y cuando un país sufre, el resto de la Humanidad sufre, este simple argumento, hoy en día, es incomprendido por gran parte de los responsables que tienen en sus manos el poder de crear paz pero han decidido crear caos y guerras, decisiones erróneas que han originado reacciones con graves consecuencias para todos nosotros.

El espejo de los tiempos nos refleja lo que se quedó sin hacer y también nos devuelve imágenes de miles de personas que han dejado su huella rompiendo cadenas y murallas para ir al encuentro de la belleza, del amor, de la compasión, de la libertad y del respeto. Ellas han creado un mundo en imágenes de color a pesar de la ignorancia, de la intransigencia y del odio  sufrido;  nunca se agitaron por unas murallas de ladrillos o por cadenas de hierro. Sus vidas fueros sesgadas por balas perdidas o ensombrecidas por el humo de las hogueras. Su lucha sigue abierta. Ellas lanzaron al aire plumas blancas que se convirtieron en alas para volar y no sentir temor por la sombra del miedo.

Vivimos y sufrimos las consecuencias de las reacciones violentas provocadas por la ambición desmesurada de personas que llevan las riendas de algunos países, llevándolos, a veces, hasta un precipicio donde los empujan para caer. Hay gobernantes que rechazan las voces de los seres humanos que gritan su desesperación ante una esperanza escondida en las profundidades de la tierra o la angustia de las olas del mar que arrastran a las profundidades a los que huyeron del infierno; desoyen los gemidos  del viento que traen lamentos de hambre y sed; el silencio de los animales ahogados por el plástico que confunden con comida. El problema medioambiental del planeta está arrinconado hasta que la naturaleza gima de dolor y barra con un soplo a muchos inocentes porque hay dirigentes que no quieren comprender que  la Humanidad  y el Planeta son indivisibles.

Nuestra época es materialista, con grandes avances tecnológicos, donde el tiempo se acelera y nosotros vivimos más deprisa pasando por alto la vida. La gran mayoría son arrastrados por una muchedumbre que les empuja sin saber hacia dónde van ni qué hacer, solo son conscientes del día y de la noche. Viven en un laberinto donde dan vueltas y vueltas, se sienten perdidos y no consiguen encontrar la salida porque son incapaces de ver su vida bajo otra perspectiva.  No podemos seguir moviéndonos por ciegas y sordas pasiones. Buscamos expandirnos en el universo infinito, queremos vivir en otros planetas pero no sabemos mucho de nosotros mismos y a nuestro Planeta lo estamos matamos.

El espejo de los tiempos nos hace observar que vivimos sumergidos en este mundo material exiliándonos del mundo espiritual, del mundo de la conciencia.  La Humanidad está herida en su alma, somos supervivientes en un reino de muerte, noticias que desangran al mundo trayendo un estruendo de soledad y sufrimiento. La imagen que nos refleja el espejo de los tiempos es triste no por ser en blanco y negro, sino por lo desolador y devastador de lo que vemos y de la crueldad que muchos seres humanos han desarrollado. Hambre, sequía, llanto, desesperación, muerte; guerras que no paran, mares que se tiñen de rojo y guardan en sus profundidades las memorias de miles de personas que huyeron del atroz sufrimiento para sucumbir a las olas del viento.

El equilibrio de la Humanidad y del Planeta se está destruyendo, vivimos confrontados con la vida y nos aliamos con la muerte. No podemos olvidar que cuando una avalancha está en marcha es imparable. Es el momento de empezar lo que dejaron atrás esas personas que fueron asesinadas injustamente, que lucharon por crear paz y libertad con esperanza y entusiasmo para poder cambiar las cosas, creando jardines en lugar de trincheras.

El viento arrastra la niebla y el espejo de los tiempos nos muestra la memoria que debe perdurar en los seres humanos, ecos de paz, de libertad y de respeto. También nos muestra el pasado del que debemos aprender y no volver a caer; el presente nos muestra que solo nosotros, los seres humanos, podemos cambiar el mundo con la fuerza de la gratitud, de la vida y de la paz. El espejo de los tiempos reflejará en un futuro no lejano una generación de caras sonrientes llenas de fuerza y bondad porque han luchado y luchan por un mundo mejor y por un porvenir seguro donde todos pueden realizar sus sueños en perfecta armonía.

El espejo de los tiempos refleja millones de caras y cada una de ellas es una razón por la que vale la pena luchar por la paz para crear un mundo mejor donde las ideas bailen junto al sol, sin olvidar, como dijo Winston Churchill “la responsabilidad es el precio de la grandeza”.
                                             Foto de  Koushik Das on Unsplash





martes, 11 de junio de 2019

¡Basta ya!


El universo, la Humanidad y la Madre Tierra gritan Paz para todos los seres que habitan en el planeta. La ignorancia y la crueldad de algunas personas, junto con sus deseos de lucha por el poder y por el dinero son tan poderosos que destruyen el mundo con su barbarie sangrienta.

Arrasan los pulmones de la Madre Tierra. Envenenan las aguas de los ríos y muchos animales mueren porque no tienen donde saciar su sed. Los océanos  son basureros y sus habitantes mueren ahogados por el plástico. Envenenan el aire con toxinas causando graves enfermedades. Su atrocidad crece en la tierra, creando el averno, enviando bombas y causando gritos de terror y desesperación, dejando sus huellas de muerte en la piel y en el alma de miles de personas que jamás volverán a ser ellas mismas pues una parte de su alma de ha quebrado con tanto dolor.

La tierra está regada de sangre que no de agua y cada día se seca más y más por la contaminación y el cambio climático, haciendo que su aridez sea la causa de éxodos de seres que no tienen qué comer, qué beber ni a dónde ir, y, no son bien recibidos en otros países aunque sean vecinos. Otros sufren  en silencio aunque el cielo grita por ellos, y, otros han dejado sus cuerpos como simiente de la tierra porque algunos individuos viven en el abismo de la aridez de su alma.

Los cielos no murmuran “Paz”, sino que gritan: ¡BASTA YA!

Lo más hermoso del mundo es la esencia del amor que no se compra ni se vende solo se siente en el corazón. Los causantes del averno han cerrado la puerta de su corazón con candado y han tirado la llave; pueden poseer poder y dinero, pero no pueden sentir el poder más grande del universo, amor. El amor trae paz y prosperidad para todos,  el mal solo destrucción y aunque ellos no lo sepan los primeros en destruirse son ellos mismos porque han roto la conexión con su alma, fuente de paz.

La Paz, además de ser, ausencia de conflicto  crea prosperidad para que todos podamos vivir con dignidad, respeto y libertad. La Paz no es una quimera sino una realidad.

Los cielos gritan ¡BASTA YA!


                                    (foto de la red)

sábado, 8 de junio de 2019

ITACA, la gruta dorada del ama


 La vida es un continuo cambio y renovación, nunca se agota, vive y actúa según sus leyes y nunca como nosotros pensamos o decidimos que sea.  En esa búsqueda por comprender lo que es la vida sobrevivimos imaginando que galopamos sobre un caballo blanco al que no hemos domado; vamos construyendo sueños que no existen pues solo son vanas ilusiones; vamos sobreviviendo, vamos soñando y despertamos. En la travesía de nuestra vida, vemos estrellas que son flores de luz, escuchamos entrecortada la voz del viento o el rugido del alma de la tierra, navegamos sin rumbo, pero, muchas veces, sentimos una nostalgia de un paraíso perdido y forzamos la imaginación para ir más allá. En momentos de sosiego, percibimos recuerdos de un lugar sereno donde nos gustaría volver y vivir con nosotros mismos sin sombra alguna. Recuerdos de Itaca, nuestro paraíso perdido, tan lejano y tan cercano.

Itaca, patria de los dioses. Nombre que evoca recuerdos y sensaciones de un pasado lleno de héroes y magia. Los aventureros, cuya fuerza surge con la voluntad y se alimenta de ella, no temen ir hacia el horizonte, embarcándose en barcos de madera cuyos remos rompen la seda del aire y las olas los llevan en su cresta para que vean la estela que deja los que van en pos de los tesoros del alma.

Con tanta lucha de experiencias y acontecimientos amargos, el espíritu se siente saturado. Muchas veces, nos perdemos en el vientre oscuro de la noche sintiendo angustias y temores; la oscuridad es total pues ni siquiera hay luna ni estrellas para iluminar el alma. En esos momentos sombríos cuando brotan de los ojos ríos salados de amargura y cansancio, una fuerza interior nos proporciona coraje para seguir luchando y buscando ese lugar al que pertenecemos y al que deseamos volver para sentir la suave y sublime caricia de la paz y de la felicidad.

Detrás de la tormenta de arena, el viento se relaja y vuelve a dibujarse los perfiles de la vida -cambio y renovación-, haciéndonos comprender que la sabiduría puede aparecer en cualquier  momento del día y en cualquier lugar, siempre y cuando busquemos nuestra verdad, ¿quiénes somos, hacia dónde vamos y por qué vivimos?, aprendiendo lecciones y saboreando fracasos. La sabiduría abre las puertas del cosmos y de la naturaleza y de vez en cuando su luz violeta traspasa la piedra para que podamos verla. Y, así, en lugar de lamentar nuestros errores aprendamos a no cometerlos, pues la vida nunca se agota, vive y actúa según sus leyes y rara vez como nosotros decidimos. Nosotros deseamos saber pero no queremos experimentar, preferimos seguir en nuestra zona de confort, pensando que si leemos ya tendremos la experiencia necesaria para vivir y dejar de sobrevivir. Nos olvidamos que toda raíz nace en el seno de la oscuridad de la tierra para poder renacer, al igual que cuando cae una hoja de color ocre, hay otra hoja de color verde que emerge.

Hay que dejar caer las máscaras para descubrir la belleza por lo que es. La vida es como un rio, a veces, hay rupturas de la tierra que genera saltos rompiendo el suave fluir del agua y creando dolor y tristeza, donde la memoria de la carne da alaridos y aúlla al viento. Hay dolores que rompen el alma, el cuerpo lo siente y aprende que soltando ego y apegos el alma se regenera y se serena. Sabemos que el cuerpo es una propiedad temporal y hemos comprendido que no hay mayor culto que amar nuestra alma y nuestro ser porque el alma junto al ser crean jardines en lugar de ruinas, pintan flores en lugar de sequía, plantan árboles en lugar de masacres, crean parques de risas en lugar de trincheras, crean armonía y belleza, pilares de nuestra patria, Itaca,  gruta dorada del alma.
                                            (foto de Clément Falize, Unsplash)