VIVIR ES OSAR DECIR SÍ A LA VIDA.
VIVIR ES TRASCENDER ABRIENDO
LA CONCIENCIA A OTRAS EXISTENCIAS
DEL AMOR UNIVERSAL.
La
vida es dar color a la esperanza conociendo su fragilidad y permaneciendo en el
Amor a la honestidad, a la dignidad, a la decencia, al respeto, a la libertad.
La vida no es competición, no es dinero, no es poder, no es control, no es
guerra.
Sabemos
que sin esfuerzo no hay aprendizaje, ya sea en el colegio, en el trabajo, en la
familia, en la sociedad. Necesitamos gestos de amabilidad, de comprensión, de
respeto, pues cada persona posee sus propios sueños, sus propias heridas, sus
propias experiencias; así observamos la fragilidad en todos nosotros y en lugar
de arrinconarnos, debemos ayudarnos a través de palabras, gestos, miradas,
acciones amables y respetuosas.
Todos
vemos las consecuencias de los actos que cometemos, pero no nos detenemos a
observar sus causas; sin embargo, conocer las causas es muy importante porque
evita consecuencias desagradables e incluso funestas. De ahí la importancia de tener
la osadía de preguntarnos: ¿qué tipo de persona quiero ser?, ¿cuál es el
sentido de mi vida?, ¿cuál es mi papel en esta gran experiencia terrestre?,
¿quién soy realmente? Todas estas preguntas nos generan muchas dudas,
respuestas y miles de preguntas más y algunas respuestas que, tal vez, podamos
dar. Preguntarnos es desear conocer para avanzar y ese deseo se vive con
pasión, con ganas, con entusiasmo, lo que nos genera emociones elevadas y no
monedas.
La
energía de la Vida es lo que nos permite vivir. Por ejemplo, en una habitación
con paredes que limitan un espacio y muebles que la decoran, la energía de la
Vida es el vacío que todo integra; no es solo el contenido ni las paredes. Habitar
la Vida es vivir desde la conciencia del vacío pleno que todo envuelve.
“Érase
una vez unos seres humanos que poblaron un maravilloso planeta, habitado por
hadas de la belleza, de la armonía, del amor, para hacer la vida más placentera
y mejor a esos habitantes. Los seres humanos y demás seres vivos que habitaban
el planeta estaban hechos de una energía de baja frecuencia porque eran cuerpos
de materia. Las hadas, en cambio, tenían una frecuencia más elevada, pues su energía
era más sutil al ser espíritus. Ambos convivían sin enfrentamientos; la energía
de las hadas y la energía de la materia de los seres vivos estaban entrelazadas,
se conocían y se admitían como realidades diferentes, aunque reales. Las hadas instruyeron
a los seres humanos a elevar su conciencia para poder comunicarse a otro nivel sin
obstaculizarse.
Las
hadas enseñaron a aquellos humanos dispuestos a elevar su frecuencia a bailar
con las partículas de energía comunes a ambos. Solo así podían comprender más
profundamente su cuerpo físico y conectarse con ese otro mundo invisible y sutil.
Algunos seres humanos lo hicieron y crearon obras maravillosas de armonía y
belleza que viajan eternamente en el mundo de las ideas. Otros prefirieron
quedarse sin la osadía de hacerse preguntas y vivir según su entendimiento.
Así
los seres humanos continúan habitando este maravilloso planeta, llamado Tierra,
donde existen diferentes niveles energéticos. Cada ser humano elige su propio
camino y es responsable de él”.
La
recompensa de la vida es comprender para habitar ese campo de energía que todo es
y construir ese puente entre lo material y lo sutil.
En
la actualidad, nuestra sociedad vive en un materialismo brutal donde perdemos
la capacidad más importante del ser humano, que es pensar, reflexionar, crear, decidir
por nosotros mismos; en estos momentos las máquinas lo hacen por nosotros con
el beneplácito de los dirigentes porque es más fácil manipular a aquel que no quiere
saber y vive en su confort imaginario. Con el paso del tiempo nos damos cuenta
de que no reflexionar, de que no decidir por nosotros mismos es un craso error;
nunca es tarde para aprender.
Todos
los seres humanos hemos sobrevivido a situaciones de amores y rupturas, de
éxitos y fracasos, de problemas familiares y sociales; esto es una tónica
general en el mundo, no es único a nosotros. Parece que siempre se repite la
misma historia y seguirá repitiéndose hasta que no hayamos comprendido nuestra
actitud frente a la vida, aunque nada es igual al día anterior porque nosotros
cambiamos a cada instante por las experiencias vividas.
La
vida no es pertenecer a un país, a una creencia, a una relación, a una sociedad,
a un trabajo. Vivir la vida es aceptar al otro y a nosotros mismos, ver las
diferencias y no protegernos de ellas por miedo. La diferencia entre los que
compiten por ganar y los que viven para aprender es abismal. Los que corren para
ganar un poco más de materialismo se sumergen en un abismo sin fondo porque
siempre necesitan más y más y nunca saciarán su sed de adquirir. Sin embargo,
la vida no es una carrera para obtener y poseer; la vida es el movimiento de vivir.
Los que viven para aprender lo hacen a un ritmo más lento porque están atentos
a cada situación e intentan comprender, aprender y sobre todo a soltar lo
innecesario para poder acoger lo nuevo y así transformarse.
Estar
vivo no es solo sentir los latidos del corazón. Estar
vivo exige responsabilidad para poder abrazar la vida y danzar con sus chispas;
así sentiremos la savia de la vida circular por nuestra sangre, para alejarnos
de las opiniones sin fundamentos que nuestra reflexión nos aconseja y así acceder
a la creatividad y ver los colores de la vida, sus juegos, sus formas, sus
claroscuros y sobre todo generando fuerzas para no huir delante de los
obstáculos.
Decir
sí a la vida es tener una brújula que funcione y nos guíe por el camino que
hemos elegido; incluso aunque nos hayamos equivocado, siempre tenemos la opción
de rectificar. El sentido de nuestra vida nos permite anticiparnos a la
tempestad y aprender a bailar con ella, a oír el canto del agua para dejarnos
llevar por las olas. No podemos olvidar que no hay viento favorable cuando no
hay dirección.
Decir
sí a la vida es, también, viajar cuando sea necesario a nuestro pasado, observándolo
desde una nueva perspectiva para ver con claridad y sin juicios ni castigos ese
momento que tanto nos hirió y que ahora, al comprenderlo, podemos ver en su
conjunto a todos los actores y situaciones. Podemos utilizar esa mágica
herramienta que es el perdón hacia nosotros mismos y hacia los demás. Sabemos
pertinentemente que no podemos controlar a los demás.
Osar
vivir es estar en la acción y en la contemplación. Muchas de nuestras acciones
provienen del miedo, de la huida del vacío que produce el no tener un sentido a
nuestra vida, y esto nos lleva a perdernos, a no tener criterio propio, pues
ser diferente es difícil, ya que suele rechazarse la diferencia; en cambio, es
fácil seguir la corriente. Tener miradas distintas es positivo, y también es
positivo no imponer ni aceptar criterios que provengan del miedo.
Decir
sí a la vida, osar la vida es ir hacia nuestra trascendencia, donde la realidad
invisible es más importante que la realidad física, pues es donde se encuentra la
energía de todo lo posible, principio universal de la vida.
El
futuro está abierto y el presente es la elección elegida. La esperanza nos
ayuda a reconstruir nuestra existencia desde nuestro sentido de la Vida.
Aprender
a vivir la vida es un misterio cuya fuerza motriz es el Amor que, a través del
propósito de la vida y de la esperanza, nos indica que cada persona tiene miles
de posibilidades y experimentando la vida, va eligiendo su propio centro. No importa cuántas veces caigamos; lo
importante es levantarnos, pues es síntoma de estar vivo, de querer rectificar,
aprender y avanzar. Las grietas son necesarias para que la energía de la vida penetre
y sane nuestras heridas.
Vivir
es abrirse al mundo interior de la conciencia, al mundo sensible del amor, de
la esperanza, de la belleza, del coraje, de la mente abierta, del conocimiento
y de la poesía de la vida.
Vivir
con pasión para saborear la vida.
VIVIR ES OSAR DECIR SÍ A LA VIDA.
VIVIR ES TRASCENDER ABRIENDO
LA CONCIENCIA A OTRAS EXISTENCIAS
DEL AMOR UNIVERSAL.
