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Ahimsa es vida

martes, 20 de octubre de 2026

Vivir con pasión para saborear la vida.

 

VIVIR ES OSAR DECIR SÍ A LA VIDA.

VIVIR ES TRASCENDER ABRIENDO

LA CONCIENCIA A OTRAS EXISTENCIAS

DEL AMOR UNIVERSAL.

La vida es dar color a la esperanza conociendo su fragilidad y permaneciendo en el Amor a la honestidad, a la dignidad, a la decencia, al respeto, a la libertad. La vida no es competición, no es dinero, no es poder, no es control, no es guerra.

Sabemos que sin esfuerzo no hay aprendizaje, ya sea en el colegio, en el trabajo, en la familia, en la sociedad. Necesitamos gestos de amabilidad, de comprensión, de respeto, pues cada persona posee sus propios sueños, sus propias heridas, sus propias experiencias; así observamos la fragilidad en todos nosotros y en lugar de arrinconarnos, debemos ayudarnos a través de palabras, gestos, miradas, acciones amables y respetuosas.

Todos vemos las consecuencias de los actos que cometemos, pero no nos detenemos a observar sus causas; sin embargo, conocer las causas es muy importante porque evita consecuencias desagradables e incluso funestas. De ahí la importancia de tener la osadía de preguntarnos: ¿qué tipo de persona quiero ser?, ¿cuál es el sentido de mi vida?, ¿cuál es mi papel en esta gran experiencia terrestre?, ¿quién soy realmente? Todas estas preguntas nos generan muchas dudas, respuestas y miles de preguntas más y algunas respuestas que, tal vez, podamos dar. Preguntarnos es desear conocer para avanzar y ese deseo se vive con pasión, con ganas, con entusiasmo, lo que nos genera emociones elevadas y no monedas.

La energía de la Vida es lo que nos permite vivir. Por ejemplo, en una habitación con paredes que limitan un espacio y muebles que la decoran, la energía de la Vida es el vacío que todo integra; no es solo el contenido ni las paredes. Habitar la Vida es vivir desde la conciencia del vacío pleno que todo envuelve.

“Érase una vez unos seres humanos que poblaron un maravilloso planeta, habitado por hadas de la belleza, de la armonía, del amor, para hacer la vida más placentera y mejor a esos habitantes. Los seres humanos y demás seres vivos que habitaban el planeta estaban hechos de una energía de baja frecuencia porque eran cuerpos de materia. Las hadas, en cambio, tenían una frecuencia más elevada, pues su energía era más sutil al ser espíritus. Ambos convivían sin enfrentamientos; la energía de las hadas y la energía de la materia de los seres vivos estaban entrelazadas, se conocían y se admitían como realidades diferentes, aunque reales. Las hadas instruyeron a los seres humanos a elevar su conciencia para poder comunicarse a otro nivel sin obstaculizarse.  

Las hadas enseñaron a aquellos humanos dispuestos a elevar su frecuencia a bailar con las partículas de energía comunes a ambos. Solo así podían comprender más profundamente su cuerpo físico y conectarse con ese otro mundo invisible y sutil. Algunos seres humanos lo hicieron y crearon obras maravillosas de armonía y belleza que viajan eternamente en el mundo de las ideas. Otros prefirieron quedarse sin la osadía de hacerse preguntas y vivir según su entendimiento.  

Así los seres humanos continúan habitando este maravilloso planeta, llamado Tierra, donde existen diferentes niveles energéticos. Cada ser humano elige su propio camino y es responsable de él”.

La recompensa de la vida es comprender para habitar ese campo de energía que todo es y construir ese puente entre lo material y lo sutil.  

En la actualidad, nuestra sociedad vive en un materialismo brutal donde perdemos la capacidad más importante del ser humano, que es pensar, reflexionar, crear, decidir por nosotros mismos; en estos momentos las máquinas lo hacen por nosotros con el beneplácito de los dirigentes porque es más fácil manipular a aquel que no quiere saber y vive en su confort imaginario. Con el paso del tiempo nos damos cuenta de que no reflexionar, de que no decidir por nosotros mismos es un craso error; nunca es tarde para aprender.

Todos los seres humanos hemos sobrevivido a situaciones de amores y rupturas, de éxitos y fracasos, de problemas familiares y sociales; esto es una tónica general en el mundo, no es único a nosotros. Parece que siempre se repite la misma historia y seguirá repitiéndose hasta que no hayamos comprendido nuestra actitud frente a la vida, aunque nada es igual al día anterior porque nosotros cambiamos a cada instante por las experiencias vividas.  

La vida no es pertenecer a un país, a una creencia, a una relación, a una sociedad, a un trabajo. Vivir la vida es aceptar al otro y a nosotros mismos, ver las diferencias y no protegernos de ellas por miedo. La diferencia entre los que compiten por ganar y los que viven para aprender es abismal. Los que corren para ganar un poco más de materialismo se sumergen en un abismo sin fondo porque siempre necesitan más y más y nunca saciarán su sed de adquirir. Sin embargo, la vida no es una carrera para obtener y poseer; la vida es el movimiento de vivir. Los que viven para aprender lo hacen a un ritmo más lento porque están atentos a cada situación e intentan comprender, aprender y sobre todo a soltar lo innecesario para poder acoger lo nuevo y así transformarse. 

Estar vivo no es solo sentir los latidos del corazón. Estar vivo exige responsabilidad para poder abrazar la vida y danzar con sus chispas; así sentiremos la savia de la vida circular por nuestra sangre, para alejarnos de las opiniones sin fundamentos que nuestra reflexión nos aconseja y así acceder a la creatividad y ver los colores de la vida, sus juegos, sus formas, sus claroscuros y sobre todo generando fuerzas para no huir delante de los obstáculos.

Decir sí a la vida es tener una brújula que funcione y nos guíe por el camino que hemos elegido; incluso aunque nos hayamos equivocado, siempre tenemos la opción de rectificar. El sentido de nuestra vida nos permite anticiparnos a la tempestad y aprender a bailar con ella, a oír el canto del agua para dejarnos llevar por las olas. No podemos olvidar que no hay viento favorable cuando no hay dirección.

Decir sí a la vida es, también, viajar cuando sea necesario a nuestro pasado, observándolo desde una nueva perspectiva para ver con claridad y sin juicios ni castigos ese momento que tanto nos hirió y que ahora, al comprenderlo, podemos ver en su conjunto a todos los actores y situaciones. Podemos utilizar esa mágica herramienta que es el perdón hacia nosotros mismos y hacia los demás. Sabemos pertinentemente que no podemos controlar a los demás.

Osar vivir es estar en la acción y en la contemplación. Muchas de nuestras acciones provienen del miedo, de la huida del vacío que produce el no tener un sentido a nuestra vida, y esto nos lleva a perdernos, a no tener criterio propio, pues ser diferente es difícil, ya que suele rechazarse la diferencia; en cambio, es fácil seguir la corriente. Tener miradas distintas es positivo, y también es positivo no imponer ni aceptar criterios que provengan del miedo.

Decir sí a la vida, osar la vida es ir hacia nuestra trascendencia, donde la realidad invisible es más importante que la realidad física, pues es donde se encuentra la energía de todo lo posible, principio universal de la vida.

El futuro está abierto y el presente es la elección elegida. La esperanza nos ayuda a reconstruir nuestra existencia desde nuestro sentido de la Vida.

Aprender a vivir la vida es un misterio cuya fuerza motriz es el Amor que, a través del propósito de la vida y de la esperanza, nos indica que cada persona tiene miles de posibilidades y experimentando la vida, va eligiendo su propio centro.  No importa cuántas veces caigamos; lo importante es levantarnos, pues es síntoma de estar vivo, de querer rectificar, aprender y avanzar. Las grietas son necesarias para que la energía de la vida penetre y sane nuestras heridas.

Vivir es abrirse al mundo interior de la conciencia, al mundo sensible del amor, de la esperanza, de la belleza, del coraje, de la mente abierta, del conocimiento y de la poesía de la vida.

Vivir con pasión para saborear la vida.

VIVIR ES OSAR DECIR SÍ A LA VIDA.

VIVIR ES TRASCENDER ABRIENDO

LA CONCIENCIA A OTRAS EXISTENCIAS

DEL AMOR UNIVERSAL.