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Ahimsa es vida

domingo, 8 de diciembre de 2019

Nos hemos olvidado del Amor


Cuando el amor muere toda la tierra llora su muerte y las almas de hombres y mujeres se visten con su manto de color azabache. Tenemos que aceptar los sobresaltos del mundo, pero no somos ciegos ni ingenuos. En estos momentos tan difíciles para toda la humanidad y el planeta -donde no existe diálogo ni compromiso; donde el genocidio crea el reino del terror;  donde las bandas y la droga imponen sus leyes; donde la deforestación de bosques enteros y la contaminación de las aguas son cada vez más alarmantes; donde el éxodo, hambre y sed crean tantos estragos; donde la avaricia del poder es una boca abierta sin fondo; donde la impunidad y la corrupción forman parte de los gobiernos democráticos; donde los derechos humanos son violados constantemente; donde la dignidad humana está siendo despojada; donde nos empeñamos en matar a la vida-,  nos hemos olvidado del valor de ser humanos, nos hemos olvidado que no vivimos en callejones sin salida, nos hemos olvidado que podemos luchar en la fuerza de la no violencia para restablecer los valores perdidos.

Estamos tan obsesionados con el exterior, con poseer, con ganar que nos hemos olvidado del amor. Paradoja, ya que todos buscamos y anhelamos el amor. El amor reside en el alma de cada persona, no se compra ni se vende. El amor es la fuerza más poderosa del universo porque es la que fuerza que permite transformar la esclavitud en libertad, la vileza en dignidad, el miedo en respeto, la injusticia en justicia. El amor enciende la llama del  coraje para vencer al miedo liberándonos para abandonar la necesidad de dominar a los demás.

No podemos permitir seguir caminando de puntillas, hay que caminar con paso firme  y hay que dejar atrás los valores y actitudes arcaicas pues ya no son válidos; la vida y la sociedad cambian hacia valores de respeto e igualdad. Ha llegado el momento de liberarnos de las presiones de valoración que nos imponen para volar en libertad y proclamar que cada uno de nosotros tenemos voz en ese coro llamado humanidad y al que algunos intentan silenciar.

Todo lo que estamos provocando va en detrimento nuestro –hay que evaluar las situaciones que provocamos y su efecto a nuestro alrededor–. Es mejor ser un observador silencioso, hablar con sabiduría y discernimiento que hablar con palabras vacías que no llevan a diálogos ni a compromisos. No podemos crear nada si no estamos predispuestos a luchar, amar y perdonar.

El amor nos ayuda a evolucionar a planos de conciencia más elevados como es la búsqueda de la serenidad y de la alegría que proporcionan entusiasmo a la vida y nos dan fuerza y coraje para adentrarnos en nuestras adversidades donde hay esperanza y oportunidades.

Sin amor no hay vida. Sin amor no se puede gobernar un país pues caeremos en el despotismo, no habrá respeto ni dignidad, justicia ni libertad.  Sin amor no se puede crear ningún tipo de proyecto fructífero por el bien de todos y del planeta. Sin amor no habrá respeto ni educación, ya que la falta de amor es el odio, la venganza, la destrucción y estos sentimientos duros crean mares de rocas lo que trae consigo debilitamiento, incertidumbre y violencia.

Es el momento de la unión de las culturas, cada una  con sus diferencias  -creencias, tradiciones, lenguas- para que todas aprendamos de todos y podamos disfrutar de ellas; es la hora del diálogo, de la reconciliación, de erradicar todas esas situaciones terribles que padecemos en mayor o en menor medida. Es hora de creer en el amor no como posesión sino como esencia de creación para un bien mayor que es el bienestar de la humanidad entera.

El amor es la esencia de la semilla de la vida en todas sus manifestaciones, y a la que tenemos que proteger para que siga habiendo vida en el presente y en el futuro.

"...Enciende con tu mano la nueva música del mundo,
la canción marinera de mañana,
el himno venidero de los hombres..."
(León Felipe 1884-1968)
                                            (foto privada)

domingo, 10 de noviembre de 2019

Luz en la sombra


Como en un eclipse solar la oscuridad se coloca, temporalmente, frente a la luz.

Vivimos una época donde mujeres  y hombres ávidos de poder y egoísmo crean sistemas de valores dominadores y estrechos beneficiosos para unos cuantos en detrimento de muchos; entierran los valores del ser humano para crear escenarios de hambre, injusticia y muerte.

Vivimos bajo la sombra de un eclipse de violencia, cuyas manos nos paralizan e incluso ahogan. Pero los rayos de esperanza brillan con fuerza e infunden valor a muchos seres humanos justos y honestos que luchan por una sociedad mejor y por un planeta vivo y sano.  Una sociedad justa no puede existir sin líderes -mujeres y hombres-  justos y honestos que miren por el bienestar de los ciudadanos. No podemos  ser íntegros y honrados y crear guerras  tolerando el sufrimiento de miles de seres humanos y llevando a la muerte a personas que su único delito es vivir. No podemos volvernos ciegos ni sordos ante la miseria y el sufrimiento que ocasiona la sombra que flota sobre el planeta, creando un mundo de tinieblas y caos. Hay países que se creen  poderosos porque sus líderes amenazan con sus armas cada vez más poderosas y sofisticadas infundiendo miedo y terror para ser respetados, técnicas usadas por tiranos y dictadores.

La falta de trabajo, de educación, de alimentos, de viviendas crea grandes divisiones y problemas de convivencia a lo largo del planeta, la división genera conflicto y desorden y esto provoca guerras llevando a la muerte a miles de personas. Vivir en el desorden es vivir en nuestras contradicciones internas que nos tiranizan cotidianamente. Vivimos en un mundo enloquecido y si no buscamos soluciones pacíficas urgentes vamos a terminar aniquilándonos los unos a los otros. No se puede jugar a ser dioses destructores ya que las consecuencias son terribles para la humanidad entera, incluidos ellos mismos. Hay que liberar la violencia que llevamos dentro para poder comprender que lo único que necesitamos para vivir es paz.

Los seres humanos no somos simples entidades biológicas, somos personas con derechos y obligaciones a las que hay que respetar, da igual en qué país nacemos o vivimos, en qué creemos y de qué color es nuestra piel. Es hora de buscar un consenso entre todos los habitantes de la tierra a través de sus representantes.

Despierta y renace un recuerdo antiguo para restablecer la sabiduría ancestral, un recuerdo donde la paz era buscada por todos, gobernantes y ciudadanos, pues sabían que era la única opción para progresar y vivir. La humanidad entera lleva cicatrices de tantas huellas de dolor y penas.

El grito de la desesperanza une a los seres humanos en un grito de esperanza haciendo brillar con su fuerza rayos de luz que desvanecen a las sombras.

                                 (foto privada)

sábado, 2 de noviembre de 2019

El poder del amor


El poder del Amor es un poder animado por la paz y la alegría, y, no tiene miedo.

La paz y el amor son ingredientes vitales donde la violencia y mentira no tienen cabida. Muchas veces confundimos amor con posesión, pasión, celos…, y, esto nos lleva al sufrimiento. El poder del Amor va unido al respeto para aceptar la diferencia en los demás; las personas débiles tienen miedo de esa diferencia. El amor es libre, no tiene fronteras, no tiene lazos y menos aún cadenas, por eso, el amor nos permite ser y existir. El amor procura alas para que las personas puedan volar e ir en busca de sí mismos y de sus propios destinos, el que cada uno elija.

Para descubrir el poder del amor tenemos que romper nuestros viejos sistemas de valores estrechos y dominadores, para ello tenemos que ser conscientes de nuestras vidas y propias acciones. El poder del amor es humilde, afable, sincero y está guiado por la mano de la paz y felicidad. Vivimos en un lugar sagrado llamado Madre Tierra, donde los pájaros cantan sin ser racistas, el sol irradia sus rayos a todas las culturas y creencias; el agua baña a todos los continentes, el aire no conoce fronteras y la tierra acoge a todos los seres vivos del planeta. La Naturaleza canta a la libertad y al amor en cada instante de la vida, nosotros, en cambio, cantamos al desamor y a la violencia porque estamos dominados por valores marchitos y caducos donde el amor no es la primera opción, lo que prima es poseer y no ser.

El poder del amor exige compromiso con nosotros mismos, lo que significa asumir las consecuencias de nuestros actos hacia nosotros y hacia los demás. No es cuestión de grandes palabras ni de grandes hazañas, sino llevar la acción serena a nuestra vida cotidiana sin permitir la violencia en ningún momento. Si sentimos Amor en nuestro interior estamos preparados para compartirlo con los demás, si no lo sentimos no podremos compartir nada pues nada tenemos.

Hay que conferir valor y autenticidad a nuestras necesidades  ocultas y aceptarlas para poder seguir avanzando serenos por nuestro camino, cambiando una vida de sufrimiento por una acción de esperanza. Todos tenemos que recomponernos de muchos varapalos recibidos a lo largo del camino; nos sentimos cansados e incluso sin ánimos pero la vida continua incansablemente su trayectoria y no podemos pararnos,  cuando nos paramos la vida sigue su curso y no podemos alcanzarla.

Los compromisos necesitan fuerza, voluntad y disciplina para que cuando vengan las tormentas de arena, que vendrán, nos podamos cobijar en nuestra fuerza interior. Muchas veces estamos confusos ante personas que emanan odio y resentimiento por sus poros, cuya mirada nos hiela el alma, porque nos hacen perder el equilibrio al sentimos derrotados de antemano.  El poder del amor nos procura  el antídoto contra la violencia. La violencia es la desesperanza muda de los débiles que actúan como marionetas de sus propios egos, aves rapaces del desierto que salen de noche para cazar  porque temen la luz del sol al haber perdido el valor de ser humanos.

Hay que aprender a jugar con el viento como lo hacen las espigas -se balancean para no romperse-. El poder del amor nos anima a aventurarnos en solitario para que su poder inunde mares, montañas, caminos por donde los seres humanos deben avanzar para llegar a su destino, sea de ermitaño o de un aventurero intrépido.

El poder del amor surge cuando escuchamos nuestra consciencia  y nos hace sentir bien porque actuamos movidos por un bien mayor, sanando viejas heridas y enfocando hacia la belleza nuestra nueva actitud en la vida.
  

  (foto privada)

sábado, 26 de octubre de 2019

Es hora de escuchar de nuevo a los ciudadanos del mundo

Los ciudadanos del mundo alzamos de nuevo nuestra voz para decir que estamos cansados de tantas guerras, de tantas injusticias, de tanta miseria, de tanta corrupción… y exigimos a los gobernantes, dirigentes, financieros encargados de velar por el bienestar de los ciudadanos –sean del partido que sean–, responsabilidades. A las Organizaciones Internacionales que luchan por los derechos humanos, la paz, la libertad, la integridad, la seguridad que continúen alzando su voz para acabar con esa tragedia que es la violencia. A los religiosos encargados de velar por las almas de los ciudadanos lo hagan con respeto y tolerancia –sean de la creencia que sean–, que no juzguen, que apoyen y ayuden a todo aquel/aquella que lo necesite.

Todos sabemos que vivimos momentos duros donde la muerte se impone a la vida, donde las líneas del respeto y dignidad se han borrado, donde el poder de la fe y confianza en el ser humano se han evaporado; la paz cede ante la guerra, la justicia ante la injusticia, el amor ante el odio, la vida ante la muerte. Los responsables de tanta miseria y sufrimiento deben ser conscientes de sus actos, pues sus consecuencias son muy graves y dolorosas para el conjunto de la humanidad. Pérdidas de vidas, hogares destrozados y cicatrices que no sanarán. “Todos ellos, líderes y gobernantes, tienen la responsabilidad de restablecer el derecho a la vida a través de la esperanza que brinda la paz para poder seguir adelante”, como decía Mahatma Gandhi.

Todos los ciudadanos del mundo formamos el corazón del guerrero de AHIMSA, la no violencia, y luchamos en la paz con fuerza y determinación, coraje y entusiasmo porque sabemos que nuestra lucha sin violencia terminará ganando, pues la luz siempre vence a la oscuridad. El amor hace retroceder al odio, la paz entierra a la guerra, la justicia se eleva frente a la injusticia, la libertad libera a la esclavitud, el bien transforma al mal.

Es hora de parar las guerras, de que la tiranía y el totalitarismo den paso a la libertad y a la vida; es hora de que los ciudadanos del mundo podamos vivir en nuestros países en paz, sin miedo a represalias, viendo a nuestros hijos crecer, mientras juegan y estudian, para que en un futuro real puedan decidir sus destinos y no sean abatidos por balas perdidas procedentes de un poder abusivo.

Los guerreros del mundo siguen luchando para que los campos estériles sean plantados con árboles y flores de mil colores y para que todos los ciudadanos del mundo puedan vivir con respeto, dignidad, paz y libertad. 




viernes, 23 de agosto de 2019

Los niños y jóvenes son el futuro


¡Nada se puede  cambiar si nosotros no cambiamos!
 
Hago una llamada a la sensibilidad de todos los seres humanos para que reflexionemos y pongamos nuestro grano de arena para intentar dar un cambio a nuestro panorama oscuro y pongamos notas de color a este caos en el que vivimos. Si deseamos realmente un cambio debemos empezar por nosotros mismos abriendo nuestra mente a la tolerancia, a la diversidad cultural y religiosa, a la abundancia económica y al bienestar social; para ello se requiere un cambio en la forma de pensar, en nuestra actitud, estar en la acción positiva y no en la reacción negativa. Soy consciente de que necesitamos unidad, coordinación, estrategias, compromisos, soluciones, ganas y esfuerzos y así obtendremos los resultados deseados,  mi divisa es: deseo = acción = resultado.

¿Qué necesitamos para cambiar el mundo?, ganas y fe. Parece una obra inmensa, descomunal, una responsabilidad abrumadora... y lo es, pero siempre se puede construir algo con ganas, esfuerzo y compromiso. Los cimientos para construir un mundo mejor son los valores que hemos olvidado: honor, lealtad, honestidad, integridad, fuerza, dignidad, coraje, sabiduría..., sin valores no podremos realizar ninguna obra, solo alimentaremos nuestro ego y éste no es el compañero ideal  para crear puentes.

En estos momentos el mundo nos ofrece un cuadro claroscuro bastante deprimente; en los cuatro puntos cardinales vemos las mismas sombras ominosas que se ciernen sobre nosotros: corrupción, problemas sociales, comportamientos inhumanos, injusticia, intolerancia, violencia, miserias paupérrimas, contaminación del planeta –cada día más alarmante-, guerras y matanzas y sus terribles consecuencias; las armas son cada vez más sofisticadas, matando a mayor número de personas, creando desolación, muerte y sufrimiento, enfermedades cada vez más raras, tanto físicas como mentales, la crueldad va en aumento... Nuestro futuro, los niños y jóvenes no tienen muchas alternativas ni expectativas, nuestro planeta está sumido en una sombra  tenebrosa.

Hay que poner un poco de color a este cuadro tan oscuro y para ello tenemos que tomar consciencia de que nuestros pensamientos, palabras y acciones crean vibraciones y reacciones con consecuencias que se propagan y vuelven hacia nosotros, su centro. La vida pasa para no volver, excepto, en nuestros recuerdos. Cada día escribimos o borramos alguna página de nuestra historia. Cuando llegue el momento de recordar nuestra vida, en ese último suspiro, deseo que tengamos momentos de gloria por haber hecho lo correcto y lo máximo en nuestra existencia,  cuyo objetivo es ser feliz y ayudar a los demás a lograrlo.

No todos podemos estar en la palestra de la vida pública, política, financiera, religiosa para tomar grandes decisiones que tengan que ser acatadas por todos, pero cada persona forma parte del eslabón de la humanidad y contribuimos en bien o en mal dependiendo de nuestra responsabilidad. Para poder cambiar algo tenemos que conocer los problemas existentes y buscar soluciones; nosotros a pequeña escala no podemos tomar grandes decisiones pero sí podemos no permitir más ultrajes y denunciar los abusos y las injusticias.

Cambiar el mundo no significa que tengamos una varita mágica y mañana todos los problemas se hayan solucionado, tampoco sería una solución ya que no aprenderíamos y volveríamos a caer una y otra vez en la misma situación. Para aprender debemos ser conscientes de lo que nos pasa. Nos hemos olvidado de reír -de intercambiar sonrisas, palabras agradables, miradas alegres y serenas- por estar inmersos en un mundo material y egoísta.  Uno de los problemas más urgente es poder preparar a los niños y jóvenes para enfrentarse al mundo. Para ello es necesario educación, solidaridad, generosidad, alternativas, proyectos, libertad y paz. Deben estar preparados para respetarse a sí mismos y a los demás, deben prepararse para buscar soluciones y no rupturas, deben prepararse para no utilizar la venganza sino el perdón, deben prepararse para la tolerancia, la paz, el desarrollo, la libertad y la justicia. Tienen que aceptar que todos somos iguales, que no hay diferencias entre los seres humanos y por lo tanto hay que respetar el espacio, la cultura, la ideología de cada ser.

Hay que ser valientes para soñar y volar y estar convencidos de que todos juntos podemos cambiar el mundo con acciones positivas, empezando por nosotros mismos en nuestras pequeñas comunidades. Es hora de cambiar la sombra de nuestro mundo por colores y fragancias de primavera.
                                                        (Angelescarretero.com)

domingo, 21 de julio de 2019

Un cambio profundo se está produciendo


La Humanidad está sufriendo un cambio profundo como unidad, lo hace a una velocidad vertiginosa lo que produce confusión y desequilibrio. Los conflictos armados son cada vez más cruentos pues hay una parte ínfima de individuos que anteponen su objetivo de poder y dinero a la vida humana. La pobreza se expande como una pandemia por todos los países del planeta creando violencia e injusticias. La educación en muchos colegios y universidades está enfocada para obtener un título y ganar dinero, no para mejorar a la sociedad e intentar crear un mundo mejor cuya bandera sea el respeto, la libertad y la tolerancia ni siquiera muchos estudiantes estudian para aprender, la competición es tremenda, en las empresas somos números y no personas. Los valores humanos se están perdiendo, somos lo que tenemos y no lo que sentimos, lo que provoca más violencia y desequilibrio.


La Humanidad está cambiando junto con sus valores -honestidad, dignidad, respeto- que no deberían cambiar, ya que estos valores son la base para una convivencia serena y fructífera. Nuestra forma de vivir ha cambiado pero, desgraciadamente, no para mejor; el odio, la rabia, la venganza, los celos son frutos de esos cambios que sufrimos debido a la división entre los seres humanos. Los progresos tecnológicos son importantes si sirven para ayudar a la Humanidad, pero más importantes son aún los derechos humanos de la Humanidad. Las relaciones humanas han cambiado, ahora se hacen a través de un chat de ordenador, escudándonos detrás de una pantalla y, muchas veces, creando un personaje ficticio que es el opuesto a la realidad. El mundo virtual nos bombardea y manipula, nos impone sus reglas, nos dice como tenemos que vivir, qué comer, cómo vestir, qué creer y si no seguimos los cánones previstos, no estamos dentro de la norma -la diferencia sigue molestando, somos marionetas articuladas  movidas por los más fuertes tanto del poder político, social, financiero y religioso-.

El gran cambio de la Humanidad está en marcha entre luces y sombras.  Esperemos y luchemos para que las luces iluminen, poco a poco, todo el planeta. Como decía Pitágoras “hay que prosperar en justicia y sabiduría”.


                                                     (foto de la red)

sábado, 6 de julio de 2019

La Paz como bálsamo que sana

La Paz genera bienestar y futuro a la gran mayoría de los ciudadanos, pero según parece la paz genera muy poco dinero a unos cuantos. Algunos de los que tienen el poder de dirigir los países tienen la enfermedad de la avaricia y codicia, solo piensan en acumular más y más poder y nunca están satisfechos. La gran mayoría de las personas desean la paz pero muchas voces están silenciadas, por eso la voz de la paz grita una vez más que para una convivencia pacífica se necesita paz y no armas para quitar vidas.

La paz y la guerra son dos mundos diferentes, opuestos en violentos contrastes. Las guerras son creaciones diabólicas de seres que solo se alimentan de odio, codicia y venganza. La paz es una actitud individual ante la vida y como creía Pitágoras y otros muchos sabios  “con la paz se puede llegar a crear una ciudad ideal y justa, siempre que sus dirigentes antepongan el bienestar de los ciudadanos a los suyos propios”.  La paz se siente en la profundidad de nuestra carne y tenemos que formar parte de ella si queremos vivir en medio de la abundancia, serenidad, bienestar y libertad.

La lucha entre esos dos mundos de contrastes violetos debe acabar. Este trágico conflicto no puede tener como solución más armas, más guerras, más muertes, más éxodos, más crueldad…; para solucionar este conflicto los gobernantes, políticos, financieros, religiosos deben implicarse seriamente  en un compromiso real y sincero, anteponiendo la vida y el respeto de cualquier ser humano al poder o al dinero.

La crisis humanitaria que en estos momentos padece el mundo es atroz  debido -entre otros muchos conflictos-, al gran éxodo de cientos de miles  de seres humanos que se encuentran en un estado de desesperación profundo porque sienten que su vida no vale nada, no tienen presente ni futuro, y, su pasado es un infierno del que han preferido huir y morir antes de seguir viviendo entre aves carroñeras. No podemos olvidar a todas esas personas que han dejado sus vidas luchando por encontrar un mundo mejor y debemos rendirles homenaje por su fortaleza y determinación; a las personas que han logrado llegar a un destino, tenemos la responsabilidad y obligación de ayudarlas y no podemos abandonarlas encerrándolas  en campos de refugiados donde la miseria, la violación y el hambre son los reyes absolutos. Ya han sufrido bastante las consecuencias de las decisiones de los que han generado las guerras. Todos los refugiados tienen el derecho a ser respetados y a tener una vida digna.

Sin justicia social no se puede crear una sociedad justa ni próspera, es necesario que todos los seres humanos tengamos las necesidades primarias cubiertas -trabajo, casa, sanidad, educación, seguridad, libertad-,  para que podamos vivir, aprender y seguir evolucionando, y, los responsables para conseguir dicha justicia social son los dirigentes que tienen la obligación y responsabilidad de cuidar y proteger a todos los ciudadanos y no solo hacer justicia social en favor de unos cuantos.


La voz de la paz se oye en todos los rincones del planeta porque es llevada por el aire que todo atraviesa, y, dice ¡BASTA!, a tanta violencia y crueldad. Es el momento de que el bálsamo de la paz cure las heridas del alma de todos los seres humanos para  vivir con dignidad, respeto, justicia y libertad en cualquier rincón del planeta porque todos somos ciudadanos de la Madre Tierra. 


                                               Foto de la red