sábado, 28 de marzo de 2020
lunes, 23 de marzo de 2020
Las creencias como motores de paz
Confucio dijo: "la naturaleza hace a los hombres parecidos, la vida los
hace diferentes".
Cada uno de nosotros podemos cambiar nuestra realidad si aceptamos nuestra vida, cultura, raza y creencia; aceptando nuestra realidad dejamos a un lado la realidad creada por el miedo y el sufrimiento y estamos dispuestos, también, a aceptar la realidad de los demás.
Todos
llevamos en nuestro interior una verdad inherente a nosotros mismos y debemos luchar
para descubrirla; dicha verdad está regida
por un mandamiento superior de valores humanos como justicia, respeto, libertad,
integridad y solidaridad. Muchas personas olvidan con frecuencia su propia
verdad y se extravían por derroteros de su propia destrucción
al aventurarse en escondites donde su cuerpo alberga al miedo y al sufrimiento.
Construimos
templos de ladrillos que existen para compartir con otras personas momentos efímeros
de paz, generosidad y perdón, pero, a
menudo nos olvidamos de nuestro templo interior, el sanctasanctórum, donde reside la chispa
creadora individual e intransferible; esa chispa divina es el timón de la fe de
todos los credos y nos conduce hacia el conocimiento, la sabiduría, la paz y la
alegría de la vida.
Muchas personas
confunden fe con sumisión -acatar normas y preceptos que otras personas
imponen-. La verdadera fe es libre como el aire que todo atraviesa, es una
fuerza creadora que el alma nos entrega para poder conectar con nuestro poder
divino, haciéndonos mejores personas y así poder ayudar a los demás. La
espiritualidad es espíritu/alma no religión
y nos toca el corazón a través de su esencia creadora, el amor, y,
una vez que nos toca no podemos negar su existencia.
Las
religiones fueron instauradas por seres humanos y su poder ha sido y es muy
codiciado, motivo por el cual nos hemos matado durante milenios y la lucha
continúa; es una lucha entre egos ciegos y egoístas y tan ignorantes que aún no
saben que nada saben; esos egos ganan batallas a través del terror y del miedo imponiendo
sus injusticias, miserias y muertes. El ego es contrario a la fe y al amor. La
unión de creencias es lo que hará que se acaben esas batallas sin sentido, solo
hay un propósito en la vida y es proteger a la gran familia humanidad para que
mantenga su dignidad y respeto. Protegiendo a las personas protegemos al mundo.
Hay
muchas y diferentes creencias -Naturaleza, Luz, Dios, Allah, Yahveh, Zoroastro,
Buda, Wakan Tanka...-, y todas son válidas siempre y cuando sea la esencia del
amor la que guíe los pasos de cada ser humano. Igual que el crepúsculo
despierta al día y las estrellas nos arropan por la noche, las creencias son parte de un alma global a la que todos pertenecemos y llevamos
en nuestra alma. Todo en la tierra es una manifestación divina.
Las
luchas por la supremacía de una religión no tienen, en absoluto, nada que ver
con la fe y el amor creador; esas luchas solo han traído a la humanidad muerte
y dolor; el amor creador es la fuerza que
crea vida y alegría, incluso, ha creado el universo, planetas, naturaleza,
seres vivos y entre ellos, a los seres humanos. La fe y la unión de las creencias son los
motores para que haya paz entre los seres humanos y respeto por la
naturaleza, ambos indisociables. Si unimos nuestros esfuerzos en el respeto de
aceptar las diferentes creencias obraremos milagros en el planeta, evitando
guerras, dolor y muertes.
La
creencia es la savia de la vida, haciéndonos emprender actos de amor como seres
humanos, y debe ser reforzada por las diferentes culturas y razas; el
conocimiento, la fe, la sabiduría, la compasión, el perdón y la paz son semillas plantadas en una matriz de
amor que ha creado océanos de arena y agua, inhóspitos desiertos y valles
fértiles donde todo germina para favorecer el cambio en la conciencia del mundo
por el bien de la Humanidad.
Dibujo Lorena Ursell
sábado, 21 de marzo de 2020
¿Qué pasa con los derechos humanos olvidados?
En un segundo el mundo cambió.
El aire a través del viento dijo
“peligro, peligro, la muerte se lleva
a mayores y menores”.
Palabras sobre enfermedades y muertes,
palabras de tranquilidad y calma
nos inundaron y los políticos
cerraron las puertas de las fronteras
y llamaron a los habitantes a estar en casa.
Momentos de miedo, angustia y tristeza
que todos llevamos en el corazón,
por tener que estar en casa
solos o mirando la televisión.
Con tanto ruido e información
nos hemos olvidado
de niños, niñas, mujeres y hombres
que luchan por su vida a cada instante,
ellos han perdido la ilusión de un abrazo gigante,
y el calor de unas palabras de amor de su madre,
no tienen casa, ropa ni comida,
no tienen donde cobijarse
porque se han quedado sin país y sin familia.
Nosotros bajo un techo y cocina caliente
nos quejamos por no salir a pasear
o por no poder socializar,
sin pararnos a pensar
que millones de personas
mueren por no tener pan ni casa donde habitar.
Tenemos a nuestra disposición
Internet con todas sus webs para entretenernos,
pero ¿qué pasa con los derechos humanos olvidados?
Niños, niñas, mujeres y hombres
de todas las edades
viven de prestado como refugiados
en países donde son ignorados, maltratos y violados
por otros seres humanos.
Niños, niñas, mujeres
y hombres
sufren el horror de la supervivencia,
teniendo a la muerte por compañera,
viven bajo una tela rota,
mientras sus huesos se hielan
y sus estómagos se callan
pues ya han tirado la toalla.
Nadie dice nada,
Porque estamos preocupados
por quedarnos en casa.
Niños, niñas, mujeres y hombres
de todos los rincones del mundo
piden hoy con esta melodía de poseía
que el aire a través del viento lleven su mensaje
a todos los rincones del mundo
para que sean oídas sus plegarias
y llevarles un poco de comida y alegría,
paz y solidaridad
para terminar
con ese infierno que es la lona rota
y los huesos helados
sin tener un abrazo
cálido y gigante de otros brazos.
miércoles, 18 de marzo de 2020
martes, 17 de marzo de 2020
domingo, 15 de marzo de 2020
La danza de la libertad
El primer paso a dar en
la danza de la libertad es desear aprender y comprender lo que significa
libertad.
La libertad es el don de
la vida que nos permite ser y existir en nuestra diferencia y complejidad, en nuestra
creencia y cultura, respetando a todo aquel que no coincida con nosotros; aceptando
la diferencia no tenemos que sentir miedo de ella, podemos ser incomprendidos,
ignorados e, incluso, injuriados pero no seremos veletas al son de la música de
otros. No aceptar la diferencia significa debilidad pues concedemos más
importancia a los demás que a nosotros mismos.
Expresando nuestro deseo
de liberación estamos en posición para empezar a dar nuestros primeros pasos al
ritmo de libertad. Ese deseo nos acerca a los valores primarios del ser humano,
respeto y dignidad y nos procura valentía y fuerza para enfrentarnos a nuestros
miedos, temores y dudas que crecen en la incertidumbre del día a día. Para
acercarnos a la libertad es necesario que la incertidumbre ceda su lugar a la certidumbre que trae
alegría y paz, haciéndonos responsables de nuestro comportamiento y de nuestros
pensamientos.
Antes de dar los primeros
pasos debemos conocer la coreografía de nuestro espectáculo y saber qué ritmos
deseamos bailar. Esas ideas, esas decisiones
deben ser claras y concisas para llevarnos a tomar decisiones correctas, pues, si no tenemos claro lo que
queremos tomaremos decisiones equivocadas; y en lugar de que nuestros pies
floten al ritmo de la danza de la libertad estarán tropezando sin piedad.
Cuando intentamos bailar siendo
autómatas lo hacemos llevando la máscara para ocultar nuestro dolor y
sufrimiento. A todos nos han herido y hemos herido, todos tenemos la capacidad
de odiar y amar y depende de cada uno de nosotros la elección sobre qué emoción
queremos sentir y compartir, no olvidemos que debajo de la máscara se encuentra
nuestro verdadero yo. Aunque hayamos sido victimizados no somos víctimas pues
sabemos que la autocompasión solo lleva a la autodestrucción, y sabiendo la
respuesta dejamos de estar en la reacción para estar en la acción positiva pues
nuestro comportamiento ha cambiado así como nuestros pensamientos.
Todos tenemos profundas
cicatrices en nuestro cuerpo y en nuestra alma pero esas experiencias no nos han destruido, al contrario, hemos
aprendido que la vida es hermosa y que debemos luchar por nuestros ideales y
por nuestros valores, y hemos aprendido que
la fuerza más poderosa para sanar es el perdón; si nos perdonamos y perdonamos
a los demás dejamos de ser prisioneros de esa ira, dolor, frustración para ser
libres en nuestra emoción del amor, habiendo dicho adiós a las heridas y dando
la bienvenida al aprendizaje de la vida -lágrimas
y risas-.
Todos estos pasos son los
que nos llevan a escuchar los acordes de la libertad. La libertad de ser y de
existir nos lleva a un punto de inflexión la comprensión de que todos estamos
unidos por el vínculo de la familia humanidad. Hay que dejar salir toda la
presión de prejuicios, de diferencias de piel, creencias, culturas, tradiciones
que llevamos dentro para dejar fluir y descongestionar nuestro cuerpo
biológico, emocional y mental, así dejaremos sitio para que la lucidez tome el relevo y seamos conscientes
de que somos los artífices de nuestra vida, y para ello hay que aceptar nuestras
decisiones y no permitir a nadie que tome el rumbo de nuestra vida, así
dejaremos de ser víctimas y prisioneros en un escenario que no es el nuestro.
A veces no queremos oír las palabras que nos dice el alma pero
por mucho ruido que haya en el exterior e interior nunca podremos acallar esas
palabras que una y otra vez resuenan en los acordes del alma para darnos fuerza
y coraje y seguir avanzando, ayudándonos a levantarnos cuando estamos caídos.
Esas palabras son los acordes de nuestro silencio para que haya diálogo entre
nuestra alma y el alma de la vida, bailando al ritmo que marca los regalos que
la vida nos ofrece para movernos al compás de la canción de la verdad donde la duda y la incertidumbre se han ido
pues ahora vivimos en libertad.
La libertad es ser y
existir con respeto y dignidad y cada acción humana positiva ayuda al conjunto
de la familia humana a que el milagro de la vida se pueda realizar con esta
danza de libertad.
( Photo by Craig Whitehead on
Unsplash)
viernes, 13 de marzo de 2020
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