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Ahimsa es vida

lunes, 23 de marzo de 2020

Las creencias como motores de paz


Confucio dijo: "la naturaleza hace a los hombres parecidos, la vida los hace diferentes".

Cada uno de nosotros podemos cambiar nuestra realidad si aceptamos nuestra vida, cultura, raza y creencia; aceptando nuestra realidad dejamos a un lado la realidad creada por el miedo y el sufrimiento y estamos dispuestos, también, a aceptar la realidad de los demás.

Todos llevamos en nuestro interior una verdad inherente a nosotros mismos y debemos luchar para descubrirla; dicha verdad  está regida por un mandamiento superior de valores humanos como justicia, respeto, libertad, integridad y solidaridad. Muchas personas olvidan con frecuencia su propia verdad y se extravían por derroteros de su propia destrucción al aventurarse en escondites donde su cuerpo alberga al miedo y al sufrimiento.

Construimos templos de ladrillos que existen para compartir con otras personas momentos efímeros de paz, generosidad y perdón, pero,  a menudo nos olvidamos de nuestro templo interior, el  sanctasanctórum, donde reside la chispa creadora individual e intransferible; esa chispa divina es el timón de la fe de todos los credos y nos conduce hacia el conocimiento, la sabiduría, la paz y la alegría de la vida.  

Muchas personas confunden fe con sumisión -acatar normas y preceptos que otras personas imponen-. La verdadera fe es libre como el aire que todo atraviesa, es una fuerza creadora que el alma nos entrega para poder conectar con nuestro poder divino, haciéndonos mejores personas y así poder ayudar a los demás. La espiritualidad es espíritu/alma no religión y nos toca el corazón a través de su esencia creadora, el amor, y, una vez que nos toca no podemos negar su existencia.

Las religiones fueron instauradas por seres humanos y su poder ha sido y es muy codiciado, motivo por el cual nos hemos matado durante milenios y la lucha continúa; es una lucha entre egos ciegos y egoístas y tan ignorantes que aún no saben que nada saben; esos egos ganan batallas a través del terror y del miedo imponiendo sus injusticias, miserias y muertes. El ego es contrario a la fe y al amor. La unión de creencias es lo que hará que se acaben esas batallas sin sentido, solo hay un propósito en la vida y es proteger a la gran familia humanidad para que mantenga su dignidad y respeto. Protegiendo a las personas protegemos al mundo.

Hay muchas y diferentes creencias -Naturaleza, Luz, Dios, Allah, Yahveh, Zoroastro, Buda, Wakan Tanka...-, y todas son válidas siempre y cuando sea la esencia del amor la que guíe los pasos de cada ser humano. Igual que el crepúsculo despierta al día y las estrellas nos arropan por la noche, las creencias son parte de un alma  global a la que todos pertenecemos y llevamos en nuestra alma. Todo en la tierra es una manifestación divina.

Las luchas por la supremacía de una religión no tienen, en absoluto, nada que ver con la fe y el amor creador; esas luchas solo han traído a la humanidad muerte y dolor; el amor creador es la fuerza  que crea vida y alegría, incluso, ha creado el universo, planetas, naturaleza, seres vivos y entre ellos, a los seres humanos.  La fe y la unión de las creencias son los motores para que haya  paz entre los seres humanos y respeto por la naturaleza, ambos indisociables. Si unimos nuestros esfuerzos en el respeto de aceptar las diferentes creencias  obraremos milagros en el planeta, evitando guerras, dolor y muertes.

La creencia es la savia de la vida, haciéndonos emprender actos de amor como seres humanos, y debe ser reforzada por las diferentes culturas y razas; el conocimiento, la fe, la sabiduría, la compasión, el perdón y  la paz son semillas plantadas en una matriz de amor que ha creado océanos de arena y agua, inhóspitos desiertos y valles fértiles donde todo germina para favorecer el cambio en la conciencia del mundo por el bien de la Humanidad.
  

                   “La naturaleza sagrada del ser humano”
                                         Dibujo Lorena Ursell

sábado, 21 de marzo de 2020

¿Qué pasa con los derechos humanos olvidados?


En un segundo el mundo cambió.
El aire a través del viento dijo
“peligro, peligro, la muerte se lleva
a mayores y menores”.
Palabras sobre enfermedades y muertes,
palabras de tranquilidad y calma
nos inundaron y los políticos
cerraron las puertas de las fronteras
y llamaron a los habitantes a estar en casa.
Momentos de miedo, angustia y tristeza
que todos llevamos en el corazón,
por tener que estar en casa
solos o mirando la televisión.
Con tanto ruido e información
nos hemos olvidado
de niños, niñas, mujeres y hombres
que luchan por su vida a cada instante,
ellos han perdido la ilusión de un abrazo gigante,
y el calor de unas palabras de amor de su madre,
no tienen casa, ropa ni comida,
no tienen donde cobijarse
porque se han quedado sin país y sin familia.
Nosotros bajo un techo y cocina caliente
nos quejamos por no salir a pasear
o por no poder socializar,
sin pararnos a pensar
que millones de personas
mueren por no tener pan ni casa donde habitar.
Tenemos a nuestra disposición
Internet con todas sus webs  para entretenernos,
pero ¿qué pasa con los derechos humanos olvidados?
Niños, niñas, mujeres y hombres
de todas las edades
viven de prestado como refugiados
en países donde son ignorados, maltratos y violados
por otros seres humanos.
Niños, niñas,  mujeres y hombres
sufren el horror de la supervivencia,
teniendo a la muerte por compañera,
viven bajo una tela rota,
mientras sus huesos se hielan
y sus estómagos se callan
pues ya han tirado la toalla.
Nadie dice nada,
Porque estamos preocupados
por quedarnos en casa.
Niños, niñas, mujeres y hombres
de todos los rincones del mundo
piden hoy con esta melodía  de poseía
que el aire a través del viento lleven su mensaje
a todos los rincones del mundo
para que sean oídas sus plegarias
y llevarles un poco de comida y alegría,
paz  y solidaridad para terminar
con ese infierno que es la lona rota
y los huesos helados
sin tener un abrazo
cálido y gigante de otros brazos.
                                           Escultura de Bruno Catalano

domingo, 15 de marzo de 2020

La danza de la libertad


El primer paso a dar en la danza de la libertad es desear aprender y comprender lo que significa libertad.

La libertad es el don de la vida que nos permite ser y existir en nuestra diferencia y complejidad, en nuestra creencia y cultura, respetando a todo aquel que no coincida con nosotros; aceptando la diferencia no tenemos que sentir miedo de ella, podemos ser incomprendidos, ignorados e, incluso, injuriados pero no seremos veletas al son de la música de otros. No aceptar la diferencia significa debilidad pues concedemos más importancia a los demás que a nosotros mismos.

Expresando nuestro deseo de liberación estamos en posición para empezar a dar nuestros primeros pasos al ritmo de libertad. Ese deseo nos acerca a los valores primarios del ser humano, respeto y dignidad y nos procura valentía y fuerza para enfrentarnos a nuestros miedos, temores y dudas que crecen en la incertidumbre del día a día. Para acercarnos a la libertad es necesario que la incertidumbre  ceda su lugar a la certidumbre que trae alegría y paz, haciéndonos responsables de nuestro comportamiento y de nuestros pensamientos.

Antes de dar los primeros pasos debemos conocer la coreografía de nuestro espectáculo y saber qué ritmos deseamos bailar. Esas ideas, esas decisiones  deben ser claras y concisas para llevarnos a tomar decisiones  correctas, pues, si no tenemos claro lo que queremos tomaremos decisiones equivocadas; y en lugar de que nuestros pies floten al ritmo de la danza de la libertad estarán tropezando sin piedad.

Cuando intentamos bailar siendo autómatas lo hacemos llevando la máscara para ocultar nuestro dolor y sufrimiento. A todos nos han herido y hemos herido, todos tenemos la capacidad de odiar y amar y depende de cada uno de nosotros la elección sobre qué emoción queremos sentir y compartir, no olvidemos que debajo de la máscara se encuentra nuestro verdadero yo. Aunque hayamos sido victimizados no somos víctimas pues sabemos que la autocompasión solo lleva a la autodestrucción, y sabiendo la respuesta dejamos de estar en la reacción para estar en la acción positiva pues nuestro comportamiento ha cambiado así como nuestros pensamientos.

Todos tenemos profundas cicatrices en nuestro cuerpo y en nuestra alma pero esas experiencias  no nos han destruido, al contrario, hemos aprendido que la vida es hermosa y que debemos luchar por nuestros ideales y por  nuestros valores, y hemos aprendido que la fuerza más poderosa para sanar es el perdón; si nos perdonamos y perdonamos a los demás dejamos de ser prisioneros de esa ira, dolor, frustración para ser libres en nuestra emoción del amor, habiendo dicho adiós a las heridas y dando la bienvenida al aprendizaje de la vida  -lágrimas y risas-.

Todos estos pasos son los que nos llevan a escuchar los acordes de la libertad. La libertad de ser y de existir nos lleva a un punto de inflexión la comprensión de que todos estamos unidos por el vínculo de la familia humanidad. Hay que dejar salir toda la presión de prejuicios, de diferencias de piel, creencias, culturas, tradiciones que llevamos dentro para dejar fluir y descongestionar nuestro cuerpo biológico, emocional y mental, así dejaremos sitio  para que la lucidez tome el relevo y seamos conscientes de que somos los artífices de nuestra vida, y para ello hay que aceptar nuestras decisiones y no permitir a nadie que tome el rumbo de nuestra vida, así dejaremos de ser víctimas y prisioneros en un escenario que no es el nuestro.

A veces no queremos  oír las palabras que nos dice el alma pero por mucho ruido que haya en el exterior e interior nunca podremos acallar esas palabras que una y otra vez resuenan en los acordes del alma para darnos fuerza y coraje y seguir avanzando, ayudándonos a levantarnos cuando estamos caídos. Esas palabras son los acordes de nuestro silencio para que haya diálogo entre nuestra alma y el alma de la vida, bailando al ritmo que marca los regalos que la vida nos ofrece para movernos al compás de la canción de la verdad  donde la duda y la incertidumbre se han ido pues ahora vivimos en libertad.

La libertad es ser y existir con respeto y dignidad y cada acción humana positiva ayuda al conjunto de la familia humana a que el milagro de la vida se pueda realizar con esta danza de libertad.


                                                     ( Photo by Craig Whitehead on Unsplash)