Libro

Libro
Ahimsa es vida

domingo, 15 de diciembre de 2019

Hay que temer a la injusticia


Hay que temer a la injusticia da igual la máscara o la etiqueta que lleve; la injusticia es el alimento de los depredadores que termina infectando todo a una velocidad vertiginosa.

La injusticia nos lleva por senderos cuyas cunetas están repletas de valores humanos pisoteados, de escenarios sangrientos y crueles, de tiranía y de esclavitud, senderos tristes y áridos porque han perdido su fuerza vital, la libertad. Desde el comienzo de la historia de la humanidad y hasta este preciso momento hemos visto muy frecuentemente estos mismos paisajes desolados y devastados que nos arrancan gritos de desesperación y que todos conocemos. La injusticia toca todos los ámbitos en el ser humano y en la sociedad: abusos, favoritismos, corrupción, esclavitud, violencia, compraventa de seres humanos, falta de libertad, muerte  y un larguísimo etc. En la injusticia todo es negativo tanto para la humanidad como para el planeta.

En nuestro minúsculo planeta hay tanta injusticia que incluso en la naturaleza se nota el desequilibrio. Muchas zonas del mundo están a la merced de un poder opresivo cuyas consecuencias son despotismo, pobreza, falta de humanidad y libertad, siendo inhumano e inaceptable. No se puede seguir construyendo muros bajo las fuerzas del miedo, no se puede invadir un país matando a sus ciudadanos para que algunos señores se erijan  todopoderosos, pero deben  recordar que las estatuas frías y sin almas son de barro y cuando caen se rompen en mil pedazos.

La injusticia carece de sinceridad, de honestidad y de honor y solo sirve para crear conflictos, dividir e ir debilitando al ser humano y a la sociedad; las personas que la llevan por bandera encadenan a otros seres humanos a galeras negándoles el derecho de la libertad y de la vida. Marco Aurelio dijo: "Piensa en lo que han hecho, tras pasar una vida de implacable enemistad, sospecha, odio... ahora están muertos y reducidos a cenizas"

La liberación de la esclavitud y de la injusticia debe hacerse pacíficamente y con personas capacitadas que antepongan el bienestar de la humanidad al suyo propio. Este proceso de paz debe tener un objetivo común: la dignidad y los derechos humanos.

Ha habido y hay en nuestra Historia grandes Hombres y grandes Monstruos y se ha demostrado que solo cuando los líderes tienen desarrolladas las cualidades humanas de humildad y de respeto, cuando cuidan y protegen el bienestar del pueblo y de la naturaleza es cuando hay progreso, justicia y paz.

Hay que armonizar la arquitectura mental de algunas personas para que empiecen a pensar y a actuar como líderes sabios, tanto a nivel políticos, financiero, religioso o social, anteponiendo la paz y la libertad a la violencia y a la esclavitud. Marco Aurelio nos dejó otro pensamiento: “Si el mundo apareciera ante nuestra mirada opaco y sin alegría, es nuestro deber iluminarlo y darle vida, pues la luz que refleja el mundo es siempre el más peligroso de los espejismos. La Luz siempre proviene del alma”.

Para que la justicia triunfe hay que aprender a leer en el libro de la vida con sabiduría, lucidez, humildad y respeto, sin fantasías ni espejismos. La Justicia es el alma invicta donde yace el honor, la lealtad y los valores humanos que nos permite ser dueños de nuestras vidas. La Justicia trae paz y es la llama risueña de una lámpara que desafía con su luz a las tinieblas, mejorando la vida de millones de personas y dejando a un lado las impertinencias y las opiniones sin  sentido. Leyendo el libro de la vida, aprendemos la comprensión básica de la realidad, el papel del ser humano, de la naturaleza y del cosmos, aprendemos los valores morales  y espirituales aceptando la pluralidad y las diferencias, aprendemos a ser los artesanos de la justicia fortaleciéndonos ante las tragedias cotidianas y protegiéndonos de los tifones que solo traen discordias y conflictos; la humanidad está desorientada y hambrienta porque necesita serenidad, coherencia, respeto, dignidad y libertad.


Mahatma Gandhí decía: “En cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad como hombre, ninguna tiranía puede dominarle.
   
                               
                                            (Foto de la red)

jueves, 12 de diciembre de 2019

Los 5 pilares de Ahimsa

No habrá paz en el mundo hasta que la paz no forme parte de nuestra vida. No podemos intentar cambiar al mundo si nosotros mismos no cambiamos.

Paz, noble concepto que a todos nos atrae  y creemos comprender aunque para muchos sea una noción abstracta e imposible de lograr. Deseamos la Paz pero no hacemos lo suficiente para que ella sea la base de una convivencia armoniosa entre seres humanos y naturaleza. Deseamos que la palabra Paz no solo se oiga en todos los rincones del planeta sino que su sentido profundo emerja para zanjar las guerras y conflictos que forman parte del aire que respiramos. Paz, no solo es ausencia de conflicto, es la actitud de lucha no violenta por la vida. Como decía Mahatma Gandhi: "la Paz es el camino", lo que significa que cada paso que damos debe ser sincero, consciente y coherente con nuestros pensamientos, palabras y acciones.

En el cuerpo mental es donde se originan las ideas, baile de llamas con colores cambiantes –positivas y negativas, creativas y destructivas–. Estas ideas se transforman en palabras sabias, vacías, hirientes y como consecuencia en acciones positivas, negativas y violentas.

Los pilares de AHIMSA -palabra sánscrita que significa "no violencia"- son: paz, sabiduría, luz, verdad y amor. 

Así como el cuerpo biológico necesita alimentos, el alma –fuerza vital–, necesita nutrientes de valores como respeto, justicia, libertad, tolerancia, solidaridad, compasión, perdón para que vivamos en armonía de acuerdo a la ley universal de la sabiduría.

La Paz es una fuerza serena y firme que nos proporciona “sabiduría” –herencia de nuestros antepasados– que nos hace sentir y vibrar la riqueza que existe en la diversidad de aptitudes, aspectos y atributos de la Humanidad, riqueza que hay que proteger y disfrutar. La Paz con su “luz” enciende la llama del corazón que con sus colores brillantes transforma el escenario decorado con tonos grises de nuestra existencia. La Paz nos lleva a encontrar nuestra “verdad” porque nos enseña a dudar y a dudar para seguir investigando en nuestro interior, proporcionándonos coraje y valor para salir de la influencia del ego. La Paz reside en el corazón, símbolo del “amor”, principal nutriente de la fuerza vital, necesario para existir y ser. Para poder sentir y vibrar a través de estos cinco pilares necesitamos la meditación, útil imprescindible que nos hace tocar nuestra conciencia y nuestra alma.

Vivimos volcados hacia el exterior, pero ya es hora de volver al origen de nuestra esencia y sentir su perfume hecho de la unión de dos ingredientes mágicos el amor y el respeto. Una de las actitudes más negativas y con más repercusión sobre nosotros y nuestro entorno es la inercia de un comportamiento pasivo.  Todos conocemos las consecuencias de la violencia. Es hora de parar esa pandemia y volver a ser más sensibles a los atributos espirituales donde la agresividad cede ante la ternura y el orgullo cede ante la humildad.  

Luchemos todos en AHIMSA, la no violencia, para erradicar la ignorancia, la crueldad y la violencia, incluso, el espíritu del mal necesita  encontrar sosiego y serenidad.


La paz tiene su propio latido, la felicidad, para sentirla debemos formar parte de ella.

                                  (Foto privada)

domingo, 8 de diciembre de 2019

Nos hemos olvidado del Amor


Cuando el amor muere toda la tierra llora su muerte y las almas de hombres y mujeres se visten con su manto de color azabache. Tenemos que aceptar los sobresaltos del mundo, pero no somos ciegos ni ingenuos. En estos momentos tan difíciles para toda la humanidad y el planeta -donde no existe diálogo ni compromiso; donde el genocidio crea el reino del terror;  donde las bandas y la droga imponen sus leyes; donde la deforestación de bosques enteros y la contaminación de las aguas son cada vez más alarmantes; donde el éxodo, hambre y sed crean tantos estragos; donde la avaricia del poder es una boca abierta sin fondo; donde la impunidad y la corrupción forman parte de los gobiernos democráticos; donde los derechos humanos son violados constantemente; donde la dignidad humana está siendo despojada; donde nos empeñamos en matar a la vida-,  nos hemos olvidado del valor de ser humanos, nos hemos olvidado que no vivimos en callejones sin salida, nos hemos olvidado que podemos luchar en la fuerza de la no violencia para restablecer los valores perdidos.

Estamos tan obsesionados con el exterior, con poseer, con ganar que nos hemos olvidado del amor. Paradoja, ya que todos buscamos y anhelamos el amor. El amor reside en el alma de cada persona, no se compra ni se vende. El amor es la fuerza más poderosa del universo porque es la que fuerza que permite transformar la esclavitud en libertad, la vileza en dignidad, el miedo en respeto, la injusticia en justicia. El amor enciende la llama del  coraje para vencer al miedo liberándonos para abandonar la necesidad de dominar a los demás.

No podemos permitir seguir caminando de puntillas, hay que caminar con paso firme  y hay que dejar atrás los valores y actitudes arcaicas pues ya no son válidos; la vida y la sociedad cambian hacia valores de respeto e igualdad. Ha llegado el momento de liberarnos de las presiones de valoración que nos imponen para volar en libertad y proclamar que cada uno de nosotros tenemos voz en ese coro llamado humanidad y al que algunos intentan silenciar.

Todo lo que estamos provocando va en detrimento nuestro –hay que evaluar las situaciones que provocamos y su efecto a nuestro alrededor–. Es mejor ser un observador silencioso, hablar con sabiduría y discernimiento que hablar con palabras vacías que no llevan a diálogos ni a compromisos. No podemos crear nada si no estamos predispuestos a luchar, amar y perdonar.

El amor nos ayuda a evolucionar a planos de conciencia más elevados como es la búsqueda de la serenidad y de la alegría que proporcionan entusiasmo a la vida y nos dan fuerza y coraje para adentrarnos en nuestras adversidades donde hay esperanza y oportunidades.

Sin amor no hay vida. Sin amor no se puede gobernar un país pues caeremos en el despotismo, no habrá respeto ni dignidad, justicia ni libertad.  Sin amor no se puede crear ningún tipo de proyecto fructífero por el bien de todos y del planeta. Sin amor no habrá respeto ni educación, ya que la falta de amor es el odio, la venganza, la destrucción y estos sentimientos duros crean mares de rocas lo que trae consigo debilitamiento, incertidumbre y violencia.

Es el momento de la unión de las culturas, cada una  con sus diferencias  -creencias, tradiciones, lenguas- para que todas aprendamos de todos y podamos disfrutar de ellas; es la hora del diálogo, de la reconciliación, de erradicar todas esas situaciones terribles que padecemos en mayor o en menor medida. Es hora de creer en el amor no como posesión sino como esencia de creación para un bien mayor que es el bienestar de la humanidad entera.

El amor es la esencia de la semilla de la vida en todas sus manifestaciones, y a la que tenemos que proteger para que siga habiendo vida en el presente y en el futuro.

"...Enciende con tu mano la nueva música del mundo,
la canción marinera de mañana,
el himno venidero de los hombres..."
(León Felipe 1884-1968)
                                            (foto privada)

domingo, 10 de noviembre de 2019

Luz en la sombra


Como en un eclipse solar la oscuridad se coloca, temporalmente, frente a la luz.

Vivimos una época donde mujeres  y hombres ávidos de poder y egoísmo crean sistemas de valores dominadores y estrechos beneficiosos para unos cuantos en detrimento de muchos; entierran los valores del ser humano para crear escenarios de hambre, injusticia y muerte.

Vivimos bajo la sombra de un eclipse de violencia, cuyas manos nos paralizan e incluso ahogan. Pero los rayos de esperanza brillan con fuerza e infunden valor a muchos seres humanos justos y honestos que luchan por una sociedad mejor y por un planeta vivo y sano.  Una sociedad justa no puede existir sin líderes -mujeres y hombres-  justos y honestos que miren por el bienestar de los ciudadanos. No podemos  ser íntegros y honrados y crear guerras  tolerando el sufrimiento de miles de seres humanos y llevando a la muerte a personas que su único delito es vivir. No podemos volvernos ciegos ni sordos ante la miseria y el sufrimiento que ocasiona la sombra que flota sobre el planeta, creando un mundo de tinieblas y caos. Hay países que se creen  poderosos porque sus líderes amenazan con sus armas cada vez más poderosas y sofisticadas infundiendo miedo y terror para ser respetados, técnicas usadas por tiranos y dictadores.

La falta de trabajo, de educación, de alimentos, de viviendas crea grandes divisiones y problemas de convivencia a lo largo del planeta, la división genera conflicto y desorden y esto provoca guerras llevando a la muerte a miles de personas. Vivir en el desorden es vivir en nuestras contradicciones internas que nos tiranizan cotidianamente. Vivimos en un mundo enloquecido y si no buscamos soluciones pacíficas urgentes vamos a terminar aniquilándonos los unos a los otros. No se puede jugar a ser dioses destructores ya que las consecuencias son terribles para la humanidad entera, incluidos ellos mismos. Hay que liberar la violencia que llevamos dentro para poder comprender que lo único que necesitamos para vivir es paz.

Los seres humanos no somos simples entidades biológicas, somos personas con derechos y obligaciones a las que hay que respetar, da igual en qué país nacemos o vivimos, en qué creemos y de qué color es nuestra piel. Es hora de buscar un consenso entre todos los habitantes de la tierra a través de sus representantes.

Despierta y renace un recuerdo antiguo para restablecer la sabiduría ancestral, un recuerdo donde la paz era buscada por todos, gobernantes y ciudadanos, pues sabían que era la única opción para progresar y vivir. La humanidad entera lleva cicatrices de tantas huellas de dolor y penas.

El grito de la desesperanza une a los seres humanos en un grito de esperanza haciendo brillar con su fuerza rayos de luz que desvanecen a las sombras.

                                 (foto privada)

sábado, 2 de noviembre de 2019

El poder del amor


El poder del Amor es un poder animado por la paz y la alegría, y, no tiene miedo.

La paz y el amor son ingredientes vitales donde la violencia y mentira no tienen cabida. Muchas veces confundimos amor con posesión, pasión, celos…, y, esto nos lleva al sufrimiento. El poder del Amor va unido al respeto para aceptar la diferencia en los demás; las personas débiles tienen miedo de esa diferencia. El amor es libre, no tiene fronteras, no tiene lazos y menos aún cadenas, por eso, el amor nos permite ser y existir. El amor procura alas para que las personas puedan volar e ir en busca de sí mismos y de sus propios destinos, el que cada uno elija.

Para descubrir el poder del amor tenemos que romper nuestros viejos sistemas de valores estrechos y dominadores, para ello tenemos que ser conscientes de nuestras vidas y propias acciones. El poder del amor es humilde, afable, sincero y está guiado por la mano de la paz y felicidad. Vivimos en un lugar sagrado llamado Madre Tierra, donde los pájaros cantan sin ser racistas, el sol irradia sus rayos a todas las culturas y creencias; el agua baña a todos los continentes, el aire no conoce fronteras y la tierra acoge a todos los seres vivos del planeta. La Naturaleza canta a la libertad y al amor en cada instante de la vida, nosotros, en cambio, cantamos al desamor y a la violencia porque estamos dominados por valores marchitos y caducos donde el amor no es la primera opción, lo que prima es poseer y no ser.

El poder del amor exige compromiso con nosotros mismos, lo que significa asumir las consecuencias de nuestros actos hacia nosotros y hacia los demás. No es cuestión de grandes palabras ni de grandes hazañas, sino llevar la acción serena a nuestra vida cotidiana sin permitir la violencia en ningún momento. Si sentimos Amor en nuestro interior estamos preparados para compartirlo con los demás, si no lo sentimos no podremos compartir nada pues nada tenemos.

Hay que conferir valor y autenticidad a nuestras necesidades  ocultas y aceptarlas para poder seguir avanzando serenos por nuestro camino, cambiando una vida de sufrimiento por una acción de esperanza. Todos tenemos que recomponernos de muchos varapalos recibidos a lo largo del camino; nos sentimos cansados e incluso sin ánimos pero la vida continua incansablemente su trayectoria y no podemos pararnos,  cuando nos paramos la vida sigue su curso y no podemos alcanzarla.

Los compromisos necesitan fuerza, voluntad y disciplina para que cuando vengan las tormentas de arena, que vendrán, nos podamos cobijar en nuestra fuerza interior. Muchas veces estamos confusos ante personas que emanan odio y resentimiento por sus poros, cuya mirada nos hiela el alma, porque nos hacen perder el equilibrio al sentimos derrotados de antemano.  El poder del amor nos procura  el antídoto contra la violencia. La violencia es la desesperanza muda de los débiles que actúan como marionetas de sus propios egos, aves rapaces del desierto que salen de noche para cazar  porque temen la luz del sol al haber perdido el valor de ser humanos.

Hay que aprender a jugar con el viento como lo hacen las espigas -se balancean para no romperse-. El poder del amor nos anima a aventurarnos en solitario para que su poder inunde mares, montañas, caminos por donde los seres humanos deben avanzar para llegar a su destino, sea de ermitaño o de un aventurero intrépido.

El poder del amor surge cuando escuchamos nuestra consciencia  y nos hace sentir bien porque actuamos movidos por un bien mayor, sanando viejas heridas y enfocando hacia la belleza nuestra nueva actitud en la vida.
  

  (foto privada)

sábado, 26 de octubre de 2019

Es hora de escuchar de nuevo a los ciudadanos del mundo

Los ciudadanos del mundo alzamos de nuevo nuestra voz para decir que estamos cansados de tantas guerras, de tantas injusticias, de tanta miseria, de tanta corrupción… y exigimos a los gobernantes, dirigentes, financieros encargados de velar por el bienestar de los ciudadanos –sean del partido que sean–, responsabilidades. A las Organizaciones Internacionales que luchan por los derechos humanos, la paz, la libertad, la integridad, la seguridad que continúen alzando su voz para acabar con esa tragedia que es la violencia. A los religiosos encargados de velar por las almas de los ciudadanos lo hagan con respeto y tolerancia –sean de la creencia que sean–, que no juzguen, que apoyen y ayuden a todo aquel/aquella que lo necesite.

Todos sabemos que vivimos momentos duros donde la muerte se impone a la vida, donde las líneas del respeto y dignidad se han borrado, donde el poder de la fe y confianza en el ser humano se han evaporado; la paz cede ante la guerra, la justicia ante la injusticia, el amor ante el odio, la vida ante la muerte. Los responsables de tanta miseria y sufrimiento deben ser conscientes de sus actos, pues sus consecuencias son muy graves y dolorosas para el conjunto de la humanidad. Pérdidas de vidas, hogares destrozados y cicatrices que no sanarán. “Todos ellos, líderes y gobernantes, tienen la responsabilidad de restablecer el derecho a la vida a través de la esperanza que brinda la paz para poder seguir adelante”, como decía Mahatma Gandhi.

Todos los ciudadanos del mundo formamos el corazón del guerrero de AHIMSA, la no violencia, y luchamos en la paz con fuerza y determinación, coraje y entusiasmo porque sabemos que nuestra lucha sin violencia terminará ganando, pues la luz siempre vence a la oscuridad. El amor hace retroceder al odio, la paz entierra a la guerra, la justicia se eleva frente a la injusticia, la libertad libera a la esclavitud, el bien transforma al mal.

Es hora de parar las guerras, de que la tiranía y el totalitarismo den paso a la libertad y a la vida; es hora de que los ciudadanos del mundo podamos vivir en nuestros países en paz, sin miedo a represalias, viendo a nuestros hijos crecer, mientras juegan y estudian, para que en un futuro real puedan decidir sus destinos y no sean abatidos por balas perdidas procedentes de un poder abusivo.

Los guerreros del mundo siguen luchando para que los campos estériles sean plantados con árboles y flores de mil colores y para que todos los ciudadanos del mundo puedan vivir con respeto, dignidad, paz y libertad.