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Ahimsa es vida

domingo, 8 de noviembre de 2020

El sabio olvidado

Este artículo es un reconocimiento a todos los sabios, incluidos nosotros mismos, cuya valía y amor han sido anulados y relegados al olvido, en especial a Yosef el carpintero –padre de Yeshúa bar Yosef, más conocido como Jesús de Nazaret–. Yosef, además de carpintero de profesión, era gran Maestro esenio, sanador del cuerpo y del alma, cuya misión fue preparar y acompañar a Yeshúa, física, emocional, mental y espiritualmente para que pudiera llevar a buen término la gran Obra de amor a la Humanidad.

Como padre Yosef amó a Yoshúa incondicionalmente, como Maestro lo respetó y guio; siempre estuvo a su lado para ayudarle a superar y a transformar las sombras de su corazón, como cualquier ser humano tiene en su interior. Durante dos mil años, Yosef fue relegado al olvido y   las enseñanzas de Yeshúa fueron pisoteadas y olvidadas por brutales choques de fanatismo, ignorancia, codicia… enterrándolas en un pozo profundo, pero su semilla germinó creciendo a través de la oscuridad y emergiendo después de un largo camino como un loto blanco en señal de fuerza y belleza.

Aparte de Yosef, Yeshúa tuvo otros muchos maestros –esenios, druidas, hindúes, persas, egipcios, chamanes…– su formación fue un compendio de diversas filosofías y saberes a través del planeta, pues la esencia del amor es universal y cada filosofía basada en el amor contiene la esencia divina. Durante su intensa formación, tanto sus Maestros como Yeshúa dejaron claro que la fe es una experiencia propia que hay que vivirla y no una creencia a ciegas; también hicieron hincapié en no crear dogmas, religiones ni construir espacios cerrados donde fuera el único lugar aceptable para hablar con el Eterno; todo en el planeta es espíritu transformado en diferentes manifestaciones y todo ha sido creado por el Creador, por lo tanto, cualquier lugar es perfecto para el contacto directo de corazón a corazón sin necesidad de intermediarios; esta enseñanza también fue ocultada  y tergiversada por religiosos fanáticos y hombres de poder.  Ningún fanatismo escribe bellas baladas.

A través de la Historia muchos sabios como Akenatón, Hipatia, Pitágoras, Sócrates, Avicena, Isaac Luria… y otros miles más, lucharon para integrar, en la vida cotidiana de las personas, la máxima: “ámate y conócete a ti mismo para poder conocer el universo de tu alma que todo contiene y todo puede realizar”. A pesar de los milenios transcurridos seguimos viviendo en la sombra del sol –en las apariencias engañosas del exterior, en imponer nuestros criterios, en poseer en lugar de ser creando necesidades innecesarias, nos escudamos en nuestras máscaras para hacernos creer que somos otras personas, lo que trae sufrimiento, resentimiento y frustración, impidiéndonos  bucear en nuestro interior porque tenemos miedo de ver en qué nos hemos convertido–. El camino hacia dentro genera luz en el corazón; cuanta más sombra se diluya en la luz, más luz sembraremos en los áridos campos del olvido. Toda vivencia es necesaria, tanto exterior como interior, para transformar y recordar que el objetivo del camino siempre es amarse y conocerse a uno mismo.

Al igual que Yeshúa estuvo rodeado de maestros que le enseñaron a transformar sus bajos instintos como ser humano para llegar a ser un ser espiritual, nosotros también tenemos maestros que nos enseñan en nuestra vida cotidiana para aprender de nuestras experiencias y descubrir nuestros más bajos instintos, solo así podemos aceptarlos y transformarlos;  como seres humanos somos seres de luz y sombra, ambas necesarias para esculpir nuestro nuevo yo. También existen seres invisibles que nos envían sus mensajes a través de intuiciones, sentimientos, susurros  para  que la antorcha del recuerdo vivido vuelva a iluminar el tesoro de nuestra alma. A medida que aprendemos a elevar nuestra conciencia, podemos observar maravillados la trama de los acontecimientos de nuestra vida; todo está entrelazado por hilos de energía dorada que abren la puerta del alma invitándonos a ver la flor del corazón cuya semilla se alimenta de luz; en cambio cuando ignoramos esos mensajes nuestra vida se vuelve árida por haber perdido los nutrientes de la esencia del amor.

El hombre que no se reconoce como su propio creador es porque tiene atada a su conciencia las bridas de la ignorancia y del temor, al dejarse arrastrar por los ríos de las leyes impuestas de la sociedad, contrarias al universo. Sócrates hablaba de la bondad, de la belleza, de la sabiduría, del respeto, del valor, todo necesario para amarse y conocerse y así vivir la vida que se merece. Decía: “la vida sin discernimiento, no merece la pena ser vivida”. Los valientes bucean en el océano de la vida; los débiles se dejan arrastrar por mareas de ríos que fluyen en dirección contraria y viven a través de la máscara del olvido.

Las enseñanzas de los sabios siguen brillando hoy en día; nos recuerdan que somos un ser espiritual con luz propia encarnado en ser humano al que debemos respetar y honrar; depende de cada uno de nosotros que encendamos o apaguemos la antorcha del recuerdo vivido, esencia del alma, principio que todo es, fue y será. 

                                                             (foto privada)


domingo, 20 de septiembre de 2020

La alquimia y el aire

La alquimia nos ayuda a tener conciencia del aprendizaje constante en la vida y nos lleva a abrir puertas que van más allá de lo visible y conducen a la felicidad.  Vivimos en un mundo de diversas realidades, unas se construyen con la nobleza de espíritu, otras se destruyen con la miseria moral, opciones que nos da la vida.

El aire es una joya que se encuentra fundida en nuestro corazón y da vida al cuerpo cuando hablamos y entregamos nuestra alma a través de un beso de amor. La respiración, inspirar–espirar, es el mecanismo natural que tiene el cuerpo para darnos energía y calma; lo hacemos inconscientemente sin saber el milagro que se opera en nuestro cuerpo. A través del aire, los dioses hablan a aquellos que quieren escucharlos. Los caminantes que escuchan y sienten su vibración se  transforman en guerreros de la vida que luchan por levantarse cada vez que se caen: “sin combate, el guerrero de la vida no existe”, decía el viento a su amigo.

El aire es la fuerza que hace que las olas se levanten, que las hojas bailen, que las ideas vuelen, que la paz emerja; que los susurros sean vivos, que las palabras sean oídas, que las caricias sean sentidas; que los olores viajen a través del tiempo en forma de recuerdos… El aire forma parte de todo y nos guía durante nuestra travesía a través de la respiración, a veces entre caricias por la brisa cálida, a veces entre la devastación que remueve el corazón.

El alquimista utiliza las dos caras de las emociones y pensamientos para transformarlos en caras sonrientes, sabe que la fuerza surge de la acción y la voluntad de la sonrisa. Su objetivo es ennoblecer nuestra vida, la luz irradia y hace brillar lo que está a su lado. Quedan muchos secretos de la vida y del universo por descubrir, todos están inscritos en el libro del aire que viaja sin cesar por nuestro planeta desde sus comienzos y, así será, hasta su final. El alquimista nos susurra invitándonos a detenernos un momento para reflexionar y descubrir los tesoros escondidos en el agua, en la arena, en los bosques, en las montañas y principalmente en nuestra alma; la clave para la transformación es desaprender lo aprendido, hay que experimentar en la lucha cotidiana el amor, esencia y fuerza motriz de la vida que es, fue y será; su huella está integrada en el alma de cada cosa y ser vivo, sin esa esencia nada podría existir porque todo está hecho de ella. Esa esencia es lo que produce la fuerza para que el viento baile con las olas, para que el abrazo de las semillas con la tierra germine, para que la vida en todo ser vivo sea pacífica y próspera; en esencia el cuerpo y el espíritu no están en guerra.

La alquimia nos pone en contacto con nuestra otra mitad, el verdadero Yo. Esto produce un bienestar profundo y descubrimos, paso a paso, que somos una parte entera y no necesitamos las apariencias ni las comparaciones para existir. Rumi decía: “No te sientas solo, el universo entero está en ti”.  Cuando descubrimos y aceptamos que nuestro Yo es nuestro compañero de vida, la vida que conocemos  cambia y nos pone en el sendero del bienestar que conduce a la felicidad, que aunque no es el objetivo, sí es sentir que estamos en el buen camino  y es, este proceso, lo que nos llena de alegría con los pequeños milagros que la vida nos regala cada día. El alquimista siempre está buscando y transformando, sale de los límites y busca la trascendencia, conocerse a sí mismo es el principio de la sabiduría, para ello necesita comprender los entresijos de su vida. Él sabe que somos almas encarnadas en un traje físico y que debemos honrar nuestro cuerpo y venerar nuestra alma.  

Pasan los tiempos y quedan las memorias que circulan en el aire, nada es estático todo es movimiento, no hay fronteras ni límites. Einstein decía: “todo es energía, y es todo lo que debemos comprender en la vida”. Energía que nos hace vibrar y nos ayuda a recuperar el olvido para afrontar miedos y superar sufrimientos. Los miedos y sufrimientos son un imán que atrae lo que más tememos mientras giramos en la rueda de vida. La falta de dignidad es lo que marchita a la humanidad.

Misterios y secretos del universo que esperan ser descubiertos en nuestro laboratorio de alquimia, entre ellos recuperar a nuestro mejor amigo para que las alas vuelvan a nacer y emprender de nuevo el vuelo hacia la libertad de ser y existir.

¡Que los vientos del pasado y del presente se junten para ofrecernos un nuevo canto del alma custodiado por los guardianes de las melodías de los dioses!

                            Foto del libro “la Sabiduría de las Palabras”


domingo, 23 de agosto de 2020

Maestros revolucionarios

 Desde el principio de las fuentes históricas, ya sean en papiro o piedra, siempre el ser humano ha intentado responder a sus preguntas y, después de reflexionar, dejar su huella.

El libro más antiguo del mundo es el papiro Prisse (1900 a.n.e.) y sus variantes. Entre varias enseñanzas, otras están de Ptahhotep, de la V dinastía, que nos ha dejado normas de vida para una coexistencia pacífica y para que cuando naveguemos hacia el occidente, la pluma no pese.

 Hoy en día ese manuscrito sigue estando en vigor, algunos ejemplos:

 “Corrígete tú mismo y evita que otro te corrija”.

“El respetuoso prospera y el hombre recto es favorecido”.

“No seas ansioso hacia la carne en presencia de alguien codicioso. Toma cuando te dé y no lo rechaces, pues resulta que así se calmará”.

Por lo tanto, nuestra herencia no solo proviene de Grecia y Roma, sino de Egipto, la madre de las civilizaciones. Estas enseñanzas sapienciales fueron para la formación de futuros altos cargos de Egipto para que dirigieran al pueblo con respeto y sabiduría. Muchos sabios fueron a Egipto para recibir la iniciación —Ferécides, Pitágoras, Platón, Yeshua Ben Joseph…— y cuando regresaron a sus ciudades envolvieron esa sabiduría en un lenguaje popular para que la gente entendiera, pero siempre haciendo hincapié en que la virtud es fundamental en los gobernantes y ciudadanos.

La sabiduría egipcia ha sido y es una forma de vida y sus ecos resuenan en cada rincón del planeta a través de los susurros del aire, de la belleza de la naturaleza y de un corazón abierto. Esas voces de los sabios revolucionarios se siguen oyendo en la actualidad con mucha claridad y fuerza, voces que se alzan para decirnos que dejemos a un lado el conflicto para que la sabiduría pueda circular libremente por todos los horizontes.

Estos sabios siempre han hablado de la sabiduría de la naturaleza – si la observamos vemos que el universo se encuentra en el rocío de una rosa en primavera como en la escarcha de una hoja en invierno—; hablaban del orden del mundo —del equilibrio individual y social—; hablaban de filosofía y del origen de lo creado; hablaban de la importancia de saber que somos libres y dueños para realizar nuestro propio destino porque cada uno es el creador de su camino; hablaban de que los seres humanos debemos buscar nuestro bienestar mediante el respeto y el conocimiento. Pero lo más importante era hablar de la naturaleza del alma, esencia de vida. Ellos escuchaban la voz incitante de su destino, destino que cada uno había creado. Nada ha cambiado en nuestros días, seguimos generando nuestra propia senda con nuestras decisiones.

Estos seres han cambiado el mundo al abrir las puertas a otras realidades y lo han conseguido a través de su propia conexión a la conciencia, liberando su espíritu de la prisión de piedras y dogmas. Se enfrentaron al poder político y religioso de su época, volaron por encima de las ideas preconcebidas y estáticas y pagaron un alto precio.

Sus enseñanzas son rayos de luz que ni se compran ni se venden y siguen vigentes en nuestros días al traspasar las murallas levantadas por la ignorancia, el fanatismo, la crueldad. La tibieza no es tolerada, pues trae desconfianza, herramienta que cava surcos donde nace la maleza. Dependemos de nosotros mismos y no de un ego amenazado que nos induce a agarrarnos al miedo.

¿De qué sirve una vida si ignoramos el alma? El alma nos da alas para volar —esperanza para crear una vida mejor y valores para evolucionar—. No se puede delegar el poder del propio corazón en otras manos. La búsqueda de la sabiduría no es un acto de voluntad, el que busca no lo puede evitar porque es su destino, siempre va dando pasos, yendo hacia alguna parte sin llegar a ninguna. Esa búsqueda nos conduce a nuestra alma una vez rasgado los velos que nos impiden ver la luz que atraviesa las fisuras invisibles de las murallas de la ignorancia que no saben de libertad al no saber volar.

Ellos aprendieron del rumor de las hojas, de la belleza de los lagos y montañas, del vuelo de las aves, de la fuerza del rayo. Sus enseñanzas siguen viajando a través del aire y resuenan así: “ama a los demás como a ti mismo. Respeta tu vida y trátate con delicadeza. Busca en el interior tu riqueza y compártela con el exterior sin imponer nada. No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan. Venera tu esencia cósmica como ser divino. Cada uno debe encontrar el camino hacia su propio poderío interior”.

Sus enseñanzas no son ideas o palabras huecas, son formas de vida.

Buda decía: “No creas nada, no importa donde lo has leído o quien lo dijo, no importa si lo he dicho yo, a no ser que esté de acuerdo con tu propia razón y sentido común”. Los intermediarios no son necesarios, solo el amor incondicional puede llegar a la esencia del Creador.

Nadie elude impunemente las citas que le depara su vida según las decisiones tomadas.


    Foto privada

domingo, 26 de julio de 2020

Cuando una puerta se abre

Cuando una puerta se abre nunca nada será como antes.

Sé que el azar no existe, todo en el planeta está entrelazado –situaciones, personas, encuentros y desencuentros–, lazos invisibles que se mueven para destruir la ignorancia e instalar la lucidez en la vida de cada ser humano.

Una tarde de primavera mientras Javier y yo tomábamos un café frente al mar y me hablaba de su último viaje a las profundidades de la selva amazónica brasileña, entre luces, el crepúsculo se vistió con su manto carmesí dejándonos sin palabras ante su  belleza. Javier es un trotamundos en busca de enigmas que la razón no entiende así como de tesoros y secretos del alma. Los ojos de Javier centelleaban como diamantes en el océano del firmamento  –“regreso a ese mágico lugar donde Ailin me espera y donde las personas forman un solo ser con la naturaleza porque el respeto crece como las flores silvestres y no se pisotea aunque haya desavenencias”– me dijo.

Después de unos días  atravesando bosques y cruzando varios ríos llegamos a un pequeño poblado en medio de una vegetación exuberante y de una belleza sobrecogedora, sus gentes eran amables y sonrientes. Aunque no hablaba su idioma, me sentí inmediatamente arropada: “la familia de mi hermano es nuestra familia”, decían entre abrazos y con sus alegres miradas; para celebrarlo, por la noche, hicieron una fiesta donde no faltó la música, el baile, la risa y el canto bajo el cielo estrellado donde por primera vez sentí que  todos formábamos parte de ese gran manto.

Me levanté muy temprano, los extraños ruidos me sobresaltaban, salí a respirar el aire puro y el silencio mágico  se rompió con los cantos del coro de los pájaros al amanecer y por los susurros del aire que anunciaban a los duendes que era hora de continuar con sus quehaceres. Los primeros rayos  dibujaron, en el gran lienzo del horizonte bocetos con colores nítidos y brillantes como nunca antes había visto.  Me cautivó esa belleza serena y me sentí hechizada ante tanta grandeza. Estaba tan absorta en mis sensaciones que no oí acercarse a Inko, el chamán del poblado y alrededores; como no entendía sus palabras, me señalaba con sus manos abiertas el cielo, la naturaleza, el poblado y las unía  en su corazón en señal de gratitud y recogimiento haciéndome sentir que el espíritu del amor está por todas partes. Javier salió de la cabaña y se nos unió. Permanecimos en silencio ante el magnífico espectáculo de luces que el amanecer nos brindaba.

Después de disfrutar de un agradable desayuno en compañía de todos, Javier me invitó a seguirlo. Llegamos a un paraje idílico, bajamos hacia el río y nos bañamos, mi cuerpo agradeció el contacto del agua cristalina y  refrescante. Disfrutamos del silencio, de la belleza y del concierto del lugar. Le comenté con tristeza que era una gran pérdida para el planeta y la humanidad el ataque sin tregua contra el pulmón de la naturaleza, que cada día se ahogaba un poco más. Javier contestó: “La deforestación en el Amazonas es un crimen que causa graves daños al planeta, humanidad  y, en especial, a los habitantes de este lugar a los que están exterminando, ese crimen siempre queda impune pues los poderosos son los que lo ordenan para satisfacer su hambre y sed de codicia”. Javier estaba ensimismado y su mirada fue más allá de la presente realidad, al cabo de un rato  volvió a comentar: “todos los seres humanos tenemos que reanudar el contacto con el reino animal y vegetal, percibir la tierra con todos los sentidos lo que crea crecimiento y respeto por la vida y elimina el sentimiento de soledad al ser conscientes de que formamos parte de un todo. La naturaleza se recrea ella misma cada día con mayor belleza y variedad, al igual que el ser humano. Si no sentimos respeto por nosotros no lo sentiremos por nadie ni por la naturaleza lo que traerá graves problemas a la tierra, ya conocemos sus consecuencias. La vida no es poder y dinero, la vida es amar y respetar lo que tenemos”.  Lo miré un instante tratando de comprender  el significado más allá de las palabras, sus ojos brillaban como soles en verano, tuve la impresión de que su cuerpo se fundía con el paisaje.

Cada día nos aventurábamos por diversos parajes extraordinarios  hasta el día del enlace que navegamos río arriba, la nubes cargadas no dejaron de arrojarnos agua durante el trayecto, pero al acercarnos al poblado las nubes habían abierto un claro para dejar paso a dulces y cálidos rayos; Inko y Javier se miraron y supe que los duendes de la naturaleza eran sus compañeros.  Javier estaba exultante de felicidad. Nos dieron la bienvenida  con una alegría sincera que emanaba del corazón. Las flores aromatizaban el lugar, adornaban cabellos, trajes y casas. Sentía que formaba parte de algo especial, pero no sabía qué era. Cuando la luna llena apareció, se oyó una sinfonía sublime que procedía del canto de la naturaleza y de los presentes; de una casa adornada con flores rojas y blancas salió Ailin, hermosísima que, además, dejaba ver la belleza que había debajo de su piel, su largo pelo azabache, su tez tostada y sus ojos negros como la noche sin luna la hacían parecer una diosa. Llevaba una túnica de dibujos dorados y plateados que fulguraban con los rayos de la luna, con pasos firmes y mirada cautivadora  se acercó a Javier, unieron sus manos, pronunciaron unas palabras y se besaron sellando para siempre su unión. Fui testigo del hechizo del amor; comprendí que esa sensación  especial que sentí era ver la unión de la naturaleza con los seres humanos, todo y todos formábamos parte de la misma esencia.

Unas semanas más tarde, Inko vino a nuestro encuentro, habló con Javier y éste me dijo: “esta noche Inko quiere ir contigo a un lugar muy especial”.  –“No voy a comprender”– dije, a lo que contestó: “la sabiduría se expresa a través de la percepción de la intuición no de las palabras”. Por la noche, Inko vino a buscarme, llevaba pintado el símbolo del infinito en su frente y en su corazón un círculo dorado, me llevó a un lugar donde algunos árboles sabios y milenarios habían creado un círculo natural. Nos sentamos frente a frente, cogió mis manos y sentí una descarga en todo mi cuerpo, su magnetismo era arrollador. “Desconecta tu mente y deja libre tu corazón, la esencia de la vida debe ser sentida no analizada” palabras que oía como un eco lejano. Me miró con sus ojos abismales y empezó una canción. Cerré los ojos y dos arco iris se unieron para formar un círculo eterno de principio y fin. Al cabo de un rato, sentí que se levantaba, me dijo algo al oído y se fue. Me quedé en ese mundo mientras las dudas y miedos fueron derrumbados y barridos por los relucientes colores.  No sé cuánto tiempo estuve así, mi cuerpo imploró el movimiento y después de mover los pies y las piernas, me levanté.  Regresé al poblado con las primeras luces, Javier y Ailin me recibieron con un abrazo y ojos radiantes de  alegría. Desayunamos y vi que las estrellas iban desapareciendo una a una arrojando lazos invisibles, dando paso al nuevo amanecer. Supe que era el momento de volver. Ese día por la tarde abandoné el poblado con gran tristeza en mi alma –me dolía la separación física con esas personas tan extraordinarias que habían sabido unir naturaleza y humanidad– sé que no hay separación pues todo está entrelazado por lazos dorados, la vida es encuentros y desencuentros.

Regresé a  casa, pero todo había cambiado porque yo no era la misma, y volví a oír ese eco lejano “cuando una puerta se abre nunca nada será como antes”. Unos días después amanecí con unas palabras del duende de los viejos árboles: “Cuando se une el cuerpo y el espíritu se abre esa puerta que nos permite entrar en otra dimensión que la razón no puede comprender.   El tiempo es el momento entre la causa y el efecto. El momento del ahora es el instante. Es siempre. Recuerda que somos creadores de nuestra propia realidad y depende de nosotros crear un paraíso o infierno terrenal. Tu corazón es libre encuentra el coraje de seguirle. Los nudos del azar nos juntan o nos separan, el mundo invisible sólo se ve con los ojos del alma y es cuando todo cobra sentido”. Comprendí esas verdades eternas que se reflejaban en el espejo de mi alma.

Abrí mis alas para dirigir mi vuelo hacia esa puerta abierta que une la esencia de la naturaleza y de la humanidad donde se une el amor celeste y terrenal.

                                     

                                       (foto privada)